Alabanza
08-Mar-2011, 10:35
LA SANGRE ROCIADA
Por W. Hay H. M. Aitken
(Traducido con permiso del Sword of the Lord)
hay un episodio extraordinario que sucedió la noche antes del Exodo. Fue una noche “para ser Recordada.” Una noche extraña en que Dios pasó Juicio de muerte sobre la tierra de Egipto. Hay algo en este incidente que lo distingue de todos los demás incidentes históricos. Esa noche fue una noche de intervención divina directa e inequívoca. Por medio de la cual los Israelitas, que eran solamente una nación de esclavos, son repentinamente libertados, enriquecidos y exaltados. Al mismo tiempo la poderosa nación de Egipto fue azotada, humillada y quebrantada por la mano del Omnipotente Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
Dios instruyó a Moisés y le dijo: “Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en el lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; Y cuando vea la sangre en el dintel y los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Exodo 12: 22-23).
Hay por lo menos cuatro verdades evidenciadas en esta historia, a las cuales somos conducidos a dar primera consideración.
1. Todos hemos pecado
La primera gran verdad es la universalidad del pecado. Dios va a salvar a lo israelitas, sí, pero antes de salvarlos les mostrará su culpa de pecado, y les va a requerir sacrificio para redimir el mismo. Dios va a azotar a los egipcios, pero antes de hacerlo, dejará bien claro a toda inteligencia que El “no hace acepción de personas,” que a su vista “todos han pecado.” Por lo tanto todos son merecedores del castigo de muerte.
Por medio de su siervo Moisés, Dios revela su sentencia de muerte para todos los primogénitos, tanto egipcios como hebreos. En la media noche que se aproximaba todo primer hijo de cada familia morirá. Pero Dios en su misericordia para con su pueblo Israel, y a tenor con su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob, Dios también revela la única manera de escapar dicho Juicio de muerte.
Por W. Hay H. M. Aitken
(Traducido con permiso del Sword of the Lord)
hay un episodio extraordinario que sucedió la noche antes del Exodo. Fue una noche “para ser Recordada.” Una noche extraña en que Dios pasó Juicio de muerte sobre la tierra de Egipto. Hay algo en este incidente que lo distingue de todos los demás incidentes históricos. Esa noche fue una noche de intervención divina directa e inequívoca. Por medio de la cual los Israelitas, que eran solamente una nación de esclavos, son repentinamente libertados, enriquecidos y exaltados. Al mismo tiempo la poderosa nación de Egipto fue azotada, humillada y quebrantada por la mano del Omnipotente Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
Dios instruyó a Moisés y le dijo: “Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en el lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; Y cuando vea la sangre en el dintel y los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Exodo 12: 22-23).
Hay por lo menos cuatro verdades evidenciadas en esta historia, a las cuales somos conducidos a dar primera consideración.
1. Todos hemos pecado
La primera gran verdad es la universalidad del pecado. Dios va a salvar a lo israelitas, sí, pero antes de salvarlos les mostrará su culpa de pecado, y les va a requerir sacrificio para redimir el mismo. Dios va a azotar a los egipcios, pero antes de hacerlo, dejará bien claro a toda inteligencia que El “no hace acepción de personas,” que a su vista “todos han pecado.” Por lo tanto todos son merecedores del castigo de muerte.
Por medio de su siervo Moisés, Dios revela su sentencia de muerte para todos los primogénitos, tanto egipcios como hebreos. En la media noche que se aproximaba todo primer hijo de cada familia morirá. Pero Dios en su misericordia para con su pueblo Israel, y a tenor con su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob, Dios también revela la única manera de escapar dicho Juicio de muerte.