Lor
14-Apr-2011, 03:03
Saca la viga 28 marzo 2011
Mateo 7:1-5
Pastor:Juan Carlos Hoy Romero
Iglesia Cristiana San Mateo Ixtacalco México
Mateo 7:1-5 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Gran enseñanza queda registrada en la Escritura, acerca de lo que el ser humano es muy propenso a hacer: El juzgar. O que es lo mismo deliberar acerca de la culpabilidad de alguien o formar una opinión, la cual por lo general es lapidaria.
Algunos son tan ávidos, tan rápidos, tan ligeros, en juzgar a los demás, que no tienen tiempo de mirar a su propia persona.
Como dice la Escritura ven la paja en el ojo ajeno, y no se dan cuenta de la viga que tienen.
Huelen el mal de otros y no perciben el propio, están como aquél estudiante:
Juzgar no le eches la culpa
Una noche, varios estudiantes esparcieron queso añejo sobre el labio superior de un compañero de cuarto mientras éste dormía.
Al despertarse, el joven sintió el mal olor y exclamó: "¡Esta habitación huele mal!"
Se asomó al pasillo y dijo: "¡El pasillo huele mal!"
Saliendo del dormitorio dijo: "¡El mundo entero huele mal!"
¿Cuánto tiempo cree que tardó en darse cuenta de que el problema estaba debajo de su nariz?
Es fácil, y hasta nos resulta natural, encontrar defectos en el mundo que nos rodea, y juzgar y con ello seguir cegados a la manera en que contribuimos al problema. ¿Seremos nosotros el problema?
El Juzgar a los demás, es un mal que tiene tantos años como la misma creación, y no se salva nadie.
Aun entre la misma familia se suele juzgar a los integrantes de la misma, y no se diga la familia política.
Nada más están mirando que hacen, los cuñados, las cuñadas, sus hijos, sus sobrinos, los suegros, las suegras, apenas miran una falta y se lo comen, pero con todo y zapatos, y no echan de ver esas personas que pueden estar peor, que aquel que se están comiendo.
Esa es la palabra, cuando alguien juzga a su prójimo, no hace otra cosa que comérselo, por no usar un término más fuerte.
Gálatas 5:14-15 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.
Esta revisión es bondadosa otras lo dicen de la siguiente manera:
(BL95) Pero si se muerden y se devoran unos a otros, ¡cuidado!, que llegarán a perderse todos.
Parece que está describiendo a unas fieras salvajes tragándose a su presa, pero no son fieras salvajes las que describe, sino personas como usted y como yo.
Gente carroñera como los buitres, que están esperando que alguien caiga en cualquier falta para devorarlo. Huelen el mal de otros y vuelan para ver que se pueden comer, se meten en lo que no les incumbe.
Personas que están más preocupadas por la vida ajena, que por la suya. Juzgan al que cae, cuando él está más caído que el mismo diablo.
¿Con qué autoridad, se puede juzgar la vida ajena? ¿Quién nos creemos para juzgar a otros?
Es muy sencillo juzgar a otros, pero hacerse una autoevaluación, un juicio hacia uno mismo, ni lo pensamos y mucho menos ni lo queremos intentar.
Esto me recuerda un pasaje que leyó mi esposa en el libro del “Principito” de Antoine de Saint-Exupéry.
Resulta que el Principito visita a un rey de algún mundo, el Principito al estar aburrido de no ver a nadie más que al rey, amenaza con irse, el rey ante está situación le dice que no se vaya, que lo va a hacer ministro.
El Principito dice: ¿ministro de qué? ¡De justicia! Contesta el rey.
¡Pero aquí no hay a quién juzgar! Contesta el Principito.
Uno nunca sabe, dijo el rey. Aun no he visitado mi reino. Soy muy viejo, no hay lugar para una carroza y caminar me fatiga.
¡Oh!, pero yo ya he visto, dijo el Principito, asomándose para echar una mirada hacia el otro lado del planeta. Allí tampoco hay nadie.
Entonces te juzgarás a ti mismo, le respondió el rey. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que juzgar a los demás. Si eres capaz de juzgarte a ti mismo, eres un verdadero sabio.
Así como el Principito se busca a quien juzgar, pero el juzgarnos a nosotros mismos, somos muy bondadosos, ¿verdad que somos “re-buenos”?
Somos muy buenos con nosotros, pero crueles con los demás, los demás son los malos del cuento, nosotros somos los buenos.
Miremos precisamente la escena del malo y los buenos:
Juan 8:2-11 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
En este pasaje miramos que se reunió un grupo de escribas y fariseos, los cuales habían sorprendido a una mujer en adulterio, y ellos le dijeron al Señor que Moisés había dicho que los tales debían de morir a pedradas, que él qué decía acerca de este asunto.
El Señor sin miramientos y sin querer quedar bien con nadie los confronta y les dice: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Y nadie se atreve en arrojar la primera piedra.
Sino que dice la Escritura que acusados por su conciencia, salían uno a uno comenzando desde los más viejos, hasta los postreros, hasta quedar sólo Jesús y la mujer acusada.
Si hay algo que reconocer, es que ellos se dieron cuenta que estaban igual o peor que la mujer adultera, pero los de ahora, no reconocen más que el pecado ajeno.
Así que miramos que entre la mujer adúltera y el grupo de escribas y fariseos sólo había una diferencia, la cual consistió que a la mujer se le sorprendió pecando y los otros que también cometían pecados todavía no habían sido sorprendidos. Aunque yo aquí me pregunto ¿en dónde está el hombre? Para cometer adulterio se necesitan dos.
Así que, el pecado de la mujer se hizo público y el de los otros todavía estaba en secreto, pero eran pecadores igual o peor que ella.
Lo que nos interesa en este pasaje, es mirar como ese grupo se erigió como juez y verdugo, ya que querían hacer justicia por su propia mano.
La enseñanza de este día es, que nos cuestionemos, si nosotros tenemos derecho a juzgar y a su vez hacer juicio sobre los demás. ¿Cómo cristianos, nos es lícito juzgar?
Y para responder esta pregunta debemos ir a la Escritura, para que el Espíritu Santo, nos enseñe que debemos de hacer.
La Escritura nos enseña que por lo menos hay 2 tipos de juzgar, una que sólo le compete a Dios y la otra que nos es permitida, pero sin juzgar o condenar al prójimo.
Veamos primeramente lo que nos es permitido juzgar:
1era Corintios 6:1-6 ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? 2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? 4 Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? 5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, 6 sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?
Una diferencia pequeña, no hay porque llamar a todo el pueblo para hacer juicio, se lleva el caso con alguna persona espiritual, sin incrédulos observando y se ayuda a resolver el asunto. Sin hacer juicio condenatorio contra ninguno.
1era. Corintios 2:13-15 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
Todo lo espiritual debe ser juzgado, la Palabra que se nos enseña, la doctrina, los nuevos movimientos e incluso las profecías que se nos dicen:
1era. Corintios 14:29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Se juzga, se analiza, se discierne la profecía, no al profeta.
Si el profeta, el pastor, el líder, están errados, haya ellos, no les juzgamos, es preferible cambiar de lugar de adoración, de iglesia, a seguir siendo lastimados o heridos, por falsas enseñanzas o autoritarismo, el cambiar de lugar de adoración, no es cambiar de Dios, sino de lugar.
Es responsabilidad de usted, el juzgar si en este lugar se comparte la Palabra de Dios como debe de ser.
Así que podemos juzgar todo lo espiritual, además es nuestra obligación hacerlo ya que juzgar también significa: examinar, investigar, preguntar, interrogar, discernir.
Hechos 17:10-11 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. 11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
(CST-IBS) Los ciudadanos de Berea, que eran mucho más abiertos que los de Tesalónica, recibieron con gran aprecio el mensaje; y cada día examinaban solícitamente las Escrituras para comprobar la veracidad de lo que Pablo y Silas les enseñaban.
Esto si nos es permitido, juzgar lo que se nos enseña, no a quien enseña, el juzgar a los hermanos o a los incrédulos ya no nos toca a nosotros, ya que al hacerlo estaríamos tomando el lugar de Dios. A nosotros no nos compete juzgar a los demás.
De manera que si fulanito, zutanita, hicieron y deshicieron, ese es su asunto, el cual tendrán que arreglar con Dios si no se han arrepentido, y si ya se arrepintieron. ¡Ya no hay nada que juzgar!
Es que robó, es que adulteró, es que fornicó, es que era muy violento, repito, si ya se arrepintió, no somos nadie para etiquetar a las personas, menos a nuestros hermanos en la fe.
Lo que Dios perdona, ¿quiénes somos nosotros para señalar? y aunque Dios no los perdonara, que muchos es lo que quisieran, es asunto de Dios.
La Palabra del Señor nos dice no juzguéis, el juzgar y el hacer juicio únicamente le compete a Dios, no a nosotros.
¿En dónde dice? Apocalipsis 20:11-15 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Pero es que tú debes de saber que esa persona se dice cristiana, sí vieras la vida que lleva, el cristiano está para restaurar y bendecir no para condenar, no para colgar etiquetas. Si alguien acostumbra colocar etiquetas se equivocó de Dios, El Dios de la Biblia, dice que solo a El, le compete el juicio sobre el ser humano.
Si, ni aun Jesucristo, con todos los elementos demostrados, con toda la evidencia de pecado, se atrevió a juzgar a la mujer adultera, menos debemos hacerlo nosotros, Juan 12:47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
¿Por qué nosotros no debemos juzgar? Porque no nos compete, y además porque se suele ser muy ligero en hacer juicio sobre las personas, a veces no se aprecia, no se sabe la realidad de algún asunto y aun así se hace juicio y se condena, a Jesús así lo enjuiciaban, aun por hacer el bien en el día de reposo, mire lo que dice la Escritura: Juan 7:23-24 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? 24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. ¿Cuánta gente no juzgará según las apariencias? ¿Cuánta gente no condenará por apreciaciones falsas?
Eso me hace recordar a la señora y las galletas:
Juzgar antes de tiempo galletas
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación, le informaron que el tren en el que ella viajaría, se retrasaría aproximadamente una hora.
La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.
Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.
Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.
La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la última galleta.
"No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.
Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad.
Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.
- ¡Gracias! - Dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
- De nada. - Contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.
Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en él andén y pensó:
"¡Que insolente, qué mal educado! ¿Qué será de nuestro mundo?"
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.
Abrió su bolso para sacar la botella de agua, y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su bolso, su paquete de galletas intacto.
Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones.
Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente a personas y situaciones, y sin tener aun el por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta.
Cristo nos dice, que no juzguemos según las apariencias, como hacían los escribas con El.
Pero aunque nosotros tengamos todas las evidencias, no nos corresponde condenar a las personas.
A veces sin que esto nos competa, se es muy severo con los demás y con nosotros mismos solemos ser muy blanditos. Nos sorprendemos cuando vemos la actitud de los fariseos, pero muchas veces no estamos lejos de ser igual o incluso peor que ellos.
Pero no falta quien diga que no le está juzgando, sino que solamente le está dando una crítica constructiva, para que no se pierda y sin miramientos lo hacen pedacitos.
Sin embargo, es muy curioso con los que aplican la crítica constructiva, ya que es crítica constructiva cuando se la aplican a otros, pero cuando se las aplican a ellos, entonces nada tiene de constructiva, sino dicen que es destructiva.
Hay una palabra muy fuerte para aquellos, que se han olvidado de la misericordia y se han dedicado a juzgar a los demás:
Romanos 2:1-3 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?
Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos.
Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto".
El hombre siguió su parloteo sin parar, hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "Querido, estás mirando un espejo".
Muchas veces nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás. Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas, es más fácil negarlas que reconocerlas, por eso es necesario hacer a un lado el orgullo pues solo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.
Romanos 2:1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
¿Cuándo vamos a comenzar a sacar la viga que hay en nuestro ojo? Necesitamos comenzar por nosotros mismos y si en esta vida alcanzamos cierto grado de perfección, tampoco tenemos derecho a juzgar. ¿Por qué?
Santiago 4:11-12 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12 Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
(BLS) Dios es el único juez. Él nos dio la ley, y es el único que puede decir si somos inocentes o culpables. Por eso no tenemos derecho de criticar a los demás. No sean orgullosos.
No somos nadie para juzgar a otro. Conviene recordar: (156 vida)
Que las mansiones en el cielo, no pueden construirse con el lado que se lanza a los demás.
Algún día, todos sin excepción estaremos ante el juez de toda la tierra, dejemos que El, nos haga juicio y justicia si El, así lo dispone.
(333-500 ilus)
Las sagradas Escrituras nos revelan que, algún día los ángeles sonarán las trompetas del juicio para llamar a las gentes a comparecer ante el juez de todo el universo, ese día el día del Señor, los reyes de la tierra, los príncipes, los millonarios, los poderosos y todos los inconversos tratarán de esconderse en las cuevas y entre las peñas, y clamarán a los montes y a las peñas diciendo: Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado en el trono del juicio, por que aquel que está sentado en el trono del juicio, por que el gran día de su ira ha llegado y, ¿Quién podrá permanecer en pie delante de él?
Apocalipsis 6:15-17 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Para acabar pronto, ni nosotros mismos debemos aplicarnos juicio, a veces falla uno y dice: “Me merezco el infierno”, “No soy digno de ser llamado hijo de Dios”. 1era. Corintios 4:3-5 Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. 4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.
Si nos atreviésemos ha hacer juicio, sabiendo que no debemos hacerlo, debemos tener mucho cuidado, porque pudiera ser que lo hagamos sin misericordia, y si lo hacemos sin misericordia ¡cuidado! Santiago 2:13 Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio. (CST-IBS) Ciertamente no podrá esperar misericordia quien no haya tenido misericordia; pero si hemos sido misericordiosos, saldremos triunfantes en el juicio.
(BLS) Porque Dios no tendrá compasión de quienes no se compadecieron de otros. Pero los que tuvieron compasión de otros, saldrán bien del juicio.
(DHH) Pues los que no han tenido compasión de otros, sin compasión serán también juzgados, pero los que han tenido compasión saldrán victoriosos en la hora del juicio.
La Palabra de Dios, el día de hoy nos invita a no juzgar, y si ya lo hemos hecho a dejar de hacerlo.
Romanos 14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Romanos 14:10-13 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. 11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. 12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. 13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.
(239-500 ilus)
Se dice que un soldado persa se ocupaba constantemente en juzgar y denigrar al jefe de sus enemigos a Alejandro el Grande, pero un capitán que le oyó le dijo:
Soldado, aquí se te está pagando para que luches contra Alejandro no para que juzgues ni para que lo denigres.
Así hay que hacer cuando venga alguno a nosotros para hacer juicio contra su prójimo, hay que decirle:
Hermano, tú que estás a salvo de tales pecados, lucha contra eso en oración, con amor cristiano, no contra tu hermano sino contra sus pecados.
Así que el Señor nos pide, primeramente no juzgar, y si nos atreviéramos a juzgar, hay que considerar antes de ello, como está nuestra conciencia, ya que El les dijo a los fariseos, cuando juzgaron a la mujer que fue sorprendida en adulterio, el que esté sin pecado arroje la primera piedra.
Y También nos dice que antes de tratar se sacar la paja del ojo ajeno, primero echemos fuera la viga que tenemos dentro:
(351-501 ilustraciones)
Una leyenda india, relata que cierto preso por apoderarse de lo ajeno fue condenado a muerte; pero, que en su celda ideo un plan para conseguir su libertad, llamó al alcalde a quien le dijo que era necesario que le permitiera ver al rey, pues tenía un secreto que no podría comunicar a otro, y dicho secreto haría inmensamente rico al rey y a su nación.
Debido a la seriedad del asunto, fue conducido a la presencia del monarca, a quien le dijo que era poseedor de un secreto mediante el cual el oro crecería como las uvas crecen en las parras, plantando una semilla que él llevaba.
Impresionado por aquella revelación, el rey acompañado por sus principales ministros y por el preso se dirigieron a las afueras de la cuidad, a un lugar indicado por el preso, quien sacó de su bolsillo una moneda de oro, la que según él aseguró que plantada en la tierra produciría un árbol, en cuyas ramas crecerían monedas de oro, cuando ya estaba todo listo para plantarla, el reo dijo que había una condición para que la moneda pudiera dar su fruto, la persona que la sembrara debía ser completamente pura y nunca haber cometido un acto deshonesto, y el reo dijo: Yo no puedo plantarla y la entregó al rey. El monarca tomó la moneda con evidente nerviosismo y dijo:
- Yo también me acuerdo cuando era joven, que solía apoderarme de pequeñas cantidades del tesoro de mi padre... y por lo tanto pienso que el primer ministro debe plantarla...
El primer ministro un poco turbado dijo:
- Su majestad, no querrá que este experimento tan importante sea expuesto a la posibilidad de fracasar por alguna falta de mi parte... como yo recibo los impuestos estoy expuesto a muchas tentaciones, y es posible que mis manos no estén completamente limpias, así que con su permiso la pasaré al general del ejército.
Pero el general dijo:
- No... yo manejo el dinero del ejército, compro las raciones y pago salarios, dénsela al tesorero.
Y el tesorero dijo:
- El más indicado para esto es el sumo sacerdote.
Pero el sumo sacerdote no se atrevió. Y el reo dijo:
- Su majestad, ¿Por qué me quieren enjuiciar a mí cuando los hombres principales de su corte no responden de su honradez?
Y el rey no supo que contestar y al saberse ellos también culpables soltó al reo.
Concluyo:
Sería irónico tratar de sacar la paja del ojo ajeno cuando en nosotros está una viga.
Antes de atrevernos a juzgar la falta ajena, miremos primeramente a nosotros mismos, y aunque consideremos que somos “santos”, no nos corresponde el juzgar a los demás.
De manera que:
Mateo 7:1-5 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Fuente: http://cafevritualevangelic.foroactivo.net
Mateo 7:1-5
Pastor:Juan Carlos Hoy Romero
Iglesia Cristiana San Mateo Ixtacalco México
Mateo 7:1-5 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Gran enseñanza queda registrada en la Escritura, acerca de lo que el ser humano es muy propenso a hacer: El juzgar. O que es lo mismo deliberar acerca de la culpabilidad de alguien o formar una opinión, la cual por lo general es lapidaria.
Algunos son tan ávidos, tan rápidos, tan ligeros, en juzgar a los demás, que no tienen tiempo de mirar a su propia persona.
Como dice la Escritura ven la paja en el ojo ajeno, y no se dan cuenta de la viga que tienen.
Huelen el mal de otros y no perciben el propio, están como aquél estudiante:
Juzgar no le eches la culpa
Una noche, varios estudiantes esparcieron queso añejo sobre el labio superior de un compañero de cuarto mientras éste dormía.
Al despertarse, el joven sintió el mal olor y exclamó: "¡Esta habitación huele mal!"
Se asomó al pasillo y dijo: "¡El pasillo huele mal!"
Saliendo del dormitorio dijo: "¡El mundo entero huele mal!"
¿Cuánto tiempo cree que tardó en darse cuenta de que el problema estaba debajo de su nariz?
Es fácil, y hasta nos resulta natural, encontrar defectos en el mundo que nos rodea, y juzgar y con ello seguir cegados a la manera en que contribuimos al problema. ¿Seremos nosotros el problema?
El Juzgar a los demás, es un mal que tiene tantos años como la misma creación, y no se salva nadie.
Aun entre la misma familia se suele juzgar a los integrantes de la misma, y no se diga la familia política.
Nada más están mirando que hacen, los cuñados, las cuñadas, sus hijos, sus sobrinos, los suegros, las suegras, apenas miran una falta y se lo comen, pero con todo y zapatos, y no echan de ver esas personas que pueden estar peor, que aquel que se están comiendo.
Esa es la palabra, cuando alguien juzga a su prójimo, no hace otra cosa que comérselo, por no usar un término más fuerte.
Gálatas 5:14-15 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.
Esta revisión es bondadosa otras lo dicen de la siguiente manera:
(BL95) Pero si se muerden y se devoran unos a otros, ¡cuidado!, que llegarán a perderse todos.
Parece que está describiendo a unas fieras salvajes tragándose a su presa, pero no son fieras salvajes las que describe, sino personas como usted y como yo.
Gente carroñera como los buitres, que están esperando que alguien caiga en cualquier falta para devorarlo. Huelen el mal de otros y vuelan para ver que se pueden comer, se meten en lo que no les incumbe.
Personas que están más preocupadas por la vida ajena, que por la suya. Juzgan al que cae, cuando él está más caído que el mismo diablo.
¿Con qué autoridad, se puede juzgar la vida ajena? ¿Quién nos creemos para juzgar a otros?
Es muy sencillo juzgar a otros, pero hacerse una autoevaluación, un juicio hacia uno mismo, ni lo pensamos y mucho menos ni lo queremos intentar.
Esto me recuerda un pasaje que leyó mi esposa en el libro del “Principito” de Antoine de Saint-Exupéry.
Resulta que el Principito visita a un rey de algún mundo, el Principito al estar aburrido de no ver a nadie más que al rey, amenaza con irse, el rey ante está situación le dice que no se vaya, que lo va a hacer ministro.
El Principito dice: ¿ministro de qué? ¡De justicia! Contesta el rey.
¡Pero aquí no hay a quién juzgar! Contesta el Principito.
Uno nunca sabe, dijo el rey. Aun no he visitado mi reino. Soy muy viejo, no hay lugar para una carroza y caminar me fatiga.
¡Oh!, pero yo ya he visto, dijo el Principito, asomándose para echar una mirada hacia el otro lado del planeta. Allí tampoco hay nadie.
Entonces te juzgarás a ti mismo, le respondió el rey. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que juzgar a los demás. Si eres capaz de juzgarte a ti mismo, eres un verdadero sabio.
Así como el Principito se busca a quien juzgar, pero el juzgarnos a nosotros mismos, somos muy bondadosos, ¿verdad que somos “re-buenos”?
Somos muy buenos con nosotros, pero crueles con los demás, los demás son los malos del cuento, nosotros somos los buenos.
Miremos precisamente la escena del malo y los buenos:
Juan 8:2-11 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
En este pasaje miramos que se reunió un grupo de escribas y fariseos, los cuales habían sorprendido a una mujer en adulterio, y ellos le dijeron al Señor que Moisés había dicho que los tales debían de morir a pedradas, que él qué decía acerca de este asunto.
El Señor sin miramientos y sin querer quedar bien con nadie los confronta y les dice: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Y nadie se atreve en arrojar la primera piedra.
Sino que dice la Escritura que acusados por su conciencia, salían uno a uno comenzando desde los más viejos, hasta los postreros, hasta quedar sólo Jesús y la mujer acusada.
Si hay algo que reconocer, es que ellos se dieron cuenta que estaban igual o peor que la mujer adultera, pero los de ahora, no reconocen más que el pecado ajeno.
Así que miramos que entre la mujer adúltera y el grupo de escribas y fariseos sólo había una diferencia, la cual consistió que a la mujer se le sorprendió pecando y los otros que también cometían pecados todavía no habían sido sorprendidos. Aunque yo aquí me pregunto ¿en dónde está el hombre? Para cometer adulterio se necesitan dos.
Así que, el pecado de la mujer se hizo público y el de los otros todavía estaba en secreto, pero eran pecadores igual o peor que ella.
Lo que nos interesa en este pasaje, es mirar como ese grupo se erigió como juez y verdugo, ya que querían hacer justicia por su propia mano.
La enseñanza de este día es, que nos cuestionemos, si nosotros tenemos derecho a juzgar y a su vez hacer juicio sobre los demás. ¿Cómo cristianos, nos es lícito juzgar?
Y para responder esta pregunta debemos ir a la Escritura, para que el Espíritu Santo, nos enseñe que debemos de hacer.
La Escritura nos enseña que por lo menos hay 2 tipos de juzgar, una que sólo le compete a Dios y la otra que nos es permitida, pero sin juzgar o condenar al prójimo.
Veamos primeramente lo que nos es permitido juzgar:
1era Corintios 6:1-6 ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? 2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? 4 Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? 5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, 6 sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?
Una diferencia pequeña, no hay porque llamar a todo el pueblo para hacer juicio, se lleva el caso con alguna persona espiritual, sin incrédulos observando y se ayuda a resolver el asunto. Sin hacer juicio condenatorio contra ninguno.
1era. Corintios 2:13-15 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
Todo lo espiritual debe ser juzgado, la Palabra que se nos enseña, la doctrina, los nuevos movimientos e incluso las profecías que se nos dicen:
1era. Corintios 14:29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Se juzga, se analiza, se discierne la profecía, no al profeta.
Si el profeta, el pastor, el líder, están errados, haya ellos, no les juzgamos, es preferible cambiar de lugar de adoración, de iglesia, a seguir siendo lastimados o heridos, por falsas enseñanzas o autoritarismo, el cambiar de lugar de adoración, no es cambiar de Dios, sino de lugar.
Es responsabilidad de usted, el juzgar si en este lugar se comparte la Palabra de Dios como debe de ser.
Así que podemos juzgar todo lo espiritual, además es nuestra obligación hacerlo ya que juzgar también significa: examinar, investigar, preguntar, interrogar, discernir.
Hechos 17:10-11 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. 11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
(CST-IBS) Los ciudadanos de Berea, que eran mucho más abiertos que los de Tesalónica, recibieron con gran aprecio el mensaje; y cada día examinaban solícitamente las Escrituras para comprobar la veracidad de lo que Pablo y Silas les enseñaban.
Esto si nos es permitido, juzgar lo que se nos enseña, no a quien enseña, el juzgar a los hermanos o a los incrédulos ya no nos toca a nosotros, ya que al hacerlo estaríamos tomando el lugar de Dios. A nosotros no nos compete juzgar a los demás.
De manera que si fulanito, zutanita, hicieron y deshicieron, ese es su asunto, el cual tendrán que arreglar con Dios si no se han arrepentido, y si ya se arrepintieron. ¡Ya no hay nada que juzgar!
Es que robó, es que adulteró, es que fornicó, es que era muy violento, repito, si ya se arrepintió, no somos nadie para etiquetar a las personas, menos a nuestros hermanos en la fe.
Lo que Dios perdona, ¿quiénes somos nosotros para señalar? y aunque Dios no los perdonara, que muchos es lo que quisieran, es asunto de Dios.
La Palabra del Señor nos dice no juzguéis, el juzgar y el hacer juicio únicamente le compete a Dios, no a nosotros.
¿En dónde dice? Apocalipsis 20:11-15 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Pero es que tú debes de saber que esa persona se dice cristiana, sí vieras la vida que lleva, el cristiano está para restaurar y bendecir no para condenar, no para colgar etiquetas. Si alguien acostumbra colocar etiquetas se equivocó de Dios, El Dios de la Biblia, dice que solo a El, le compete el juicio sobre el ser humano.
Si, ni aun Jesucristo, con todos los elementos demostrados, con toda la evidencia de pecado, se atrevió a juzgar a la mujer adultera, menos debemos hacerlo nosotros, Juan 12:47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
¿Por qué nosotros no debemos juzgar? Porque no nos compete, y además porque se suele ser muy ligero en hacer juicio sobre las personas, a veces no se aprecia, no se sabe la realidad de algún asunto y aun así se hace juicio y se condena, a Jesús así lo enjuiciaban, aun por hacer el bien en el día de reposo, mire lo que dice la Escritura: Juan 7:23-24 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? 24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. ¿Cuánta gente no juzgará según las apariencias? ¿Cuánta gente no condenará por apreciaciones falsas?
Eso me hace recordar a la señora y las galletas:
Juzgar antes de tiempo galletas
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación, le informaron que el tren en el que ella viajaría, se retrasaría aproximadamente una hora.
La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.
Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.
Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.
La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la última galleta.
"No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.
Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad.
Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.
- ¡Gracias! - Dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
- De nada. - Contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.
Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en él andén y pensó:
"¡Que insolente, qué mal educado! ¿Qué será de nuestro mundo?"
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.
Abrió su bolso para sacar la botella de agua, y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su bolso, su paquete de galletas intacto.
Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones.
Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente a personas y situaciones, y sin tener aun el por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta.
Cristo nos dice, que no juzguemos según las apariencias, como hacían los escribas con El.
Pero aunque nosotros tengamos todas las evidencias, no nos corresponde condenar a las personas.
A veces sin que esto nos competa, se es muy severo con los demás y con nosotros mismos solemos ser muy blanditos. Nos sorprendemos cuando vemos la actitud de los fariseos, pero muchas veces no estamos lejos de ser igual o incluso peor que ellos.
Pero no falta quien diga que no le está juzgando, sino que solamente le está dando una crítica constructiva, para que no se pierda y sin miramientos lo hacen pedacitos.
Sin embargo, es muy curioso con los que aplican la crítica constructiva, ya que es crítica constructiva cuando se la aplican a otros, pero cuando se las aplican a ellos, entonces nada tiene de constructiva, sino dicen que es destructiva.
Hay una palabra muy fuerte para aquellos, que se han olvidado de la misericordia y se han dedicado a juzgar a los demás:
Romanos 2:1-3 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?
Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos.
Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto".
El hombre siguió su parloteo sin parar, hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "Querido, estás mirando un espejo".
Muchas veces nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás. Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas, es más fácil negarlas que reconocerlas, por eso es necesario hacer a un lado el orgullo pues solo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.
Romanos 2:1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
¿Cuándo vamos a comenzar a sacar la viga que hay en nuestro ojo? Necesitamos comenzar por nosotros mismos y si en esta vida alcanzamos cierto grado de perfección, tampoco tenemos derecho a juzgar. ¿Por qué?
Santiago 4:11-12 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12 Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
(BLS) Dios es el único juez. Él nos dio la ley, y es el único que puede decir si somos inocentes o culpables. Por eso no tenemos derecho de criticar a los demás. No sean orgullosos.
No somos nadie para juzgar a otro. Conviene recordar: (156 vida)
Que las mansiones en el cielo, no pueden construirse con el lado que se lanza a los demás.
Algún día, todos sin excepción estaremos ante el juez de toda la tierra, dejemos que El, nos haga juicio y justicia si El, así lo dispone.
(333-500 ilus)
Las sagradas Escrituras nos revelan que, algún día los ángeles sonarán las trompetas del juicio para llamar a las gentes a comparecer ante el juez de todo el universo, ese día el día del Señor, los reyes de la tierra, los príncipes, los millonarios, los poderosos y todos los inconversos tratarán de esconderse en las cuevas y entre las peñas, y clamarán a los montes y a las peñas diciendo: Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado en el trono del juicio, por que aquel que está sentado en el trono del juicio, por que el gran día de su ira ha llegado y, ¿Quién podrá permanecer en pie delante de él?
Apocalipsis 6:15-17 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Para acabar pronto, ni nosotros mismos debemos aplicarnos juicio, a veces falla uno y dice: “Me merezco el infierno”, “No soy digno de ser llamado hijo de Dios”. 1era. Corintios 4:3-5 Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. 4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.
Si nos atreviésemos ha hacer juicio, sabiendo que no debemos hacerlo, debemos tener mucho cuidado, porque pudiera ser que lo hagamos sin misericordia, y si lo hacemos sin misericordia ¡cuidado! Santiago 2:13 Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio. (CST-IBS) Ciertamente no podrá esperar misericordia quien no haya tenido misericordia; pero si hemos sido misericordiosos, saldremos triunfantes en el juicio.
(BLS) Porque Dios no tendrá compasión de quienes no se compadecieron de otros. Pero los que tuvieron compasión de otros, saldrán bien del juicio.
(DHH) Pues los que no han tenido compasión de otros, sin compasión serán también juzgados, pero los que han tenido compasión saldrán victoriosos en la hora del juicio.
La Palabra de Dios, el día de hoy nos invita a no juzgar, y si ya lo hemos hecho a dejar de hacerlo.
Romanos 14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Romanos 14:10-13 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. 11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. 12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. 13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.
(239-500 ilus)
Se dice que un soldado persa se ocupaba constantemente en juzgar y denigrar al jefe de sus enemigos a Alejandro el Grande, pero un capitán que le oyó le dijo:
Soldado, aquí se te está pagando para que luches contra Alejandro no para que juzgues ni para que lo denigres.
Así hay que hacer cuando venga alguno a nosotros para hacer juicio contra su prójimo, hay que decirle:
Hermano, tú que estás a salvo de tales pecados, lucha contra eso en oración, con amor cristiano, no contra tu hermano sino contra sus pecados.
Así que el Señor nos pide, primeramente no juzgar, y si nos atreviéramos a juzgar, hay que considerar antes de ello, como está nuestra conciencia, ya que El les dijo a los fariseos, cuando juzgaron a la mujer que fue sorprendida en adulterio, el que esté sin pecado arroje la primera piedra.
Y También nos dice que antes de tratar se sacar la paja del ojo ajeno, primero echemos fuera la viga que tenemos dentro:
(351-501 ilustraciones)
Una leyenda india, relata que cierto preso por apoderarse de lo ajeno fue condenado a muerte; pero, que en su celda ideo un plan para conseguir su libertad, llamó al alcalde a quien le dijo que era necesario que le permitiera ver al rey, pues tenía un secreto que no podría comunicar a otro, y dicho secreto haría inmensamente rico al rey y a su nación.
Debido a la seriedad del asunto, fue conducido a la presencia del monarca, a quien le dijo que era poseedor de un secreto mediante el cual el oro crecería como las uvas crecen en las parras, plantando una semilla que él llevaba.
Impresionado por aquella revelación, el rey acompañado por sus principales ministros y por el preso se dirigieron a las afueras de la cuidad, a un lugar indicado por el preso, quien sacó de su bolsillo una moneda de oro, la que según él aseguró que plantada en la tierra produciría un árbol, en cuyas ramas crecerían monedas de oro, cuando ya estaba todo listo para plantarla, el reo dijo que había una condición para que la moneda pudiera dar su fruto, la persona que la sembrara debía ser completamente pura y nunca haber cometido un acto deshonesto, y el reo dijo: Yo no puedo plantarla y la entregó al rey. El monarca tomó la moneda con evidente nerviosismo y dijo:
- Yo también me acuerdo cuando era joven, que solía apoderarme de pequeñas cantidades del tesoro de mi padre... y por lo tanto pienso que el primer ministro debe plantarla...
El primer ministro un poco turbado dijo:
- Su majestad, no querrá que este experimento tan importante sea expuesto a la posibilidad de fracasar por alguna falta de mi parte... como yo recibo los impuestos estoy expuesto a muchas tentaciones, y es posible que mis manos no estén completamente limpias, así que con su permiso la pasaré al general del ejército.
Pero el general dijo:
- No... yo manejo el dinero del ejército, compro las raciones y pago salarios, dénsela al tesorero.
Y el tesorero dijo:
- El más indicado para esto es el sumo sacerdote.
Pero el sumo sacerdote no se atrevió. Y el reo dijo:
- Su majestad, ¿Por qué me quieren enjuiciar a mí cuando los hombres principales de su corte no responden de su honradez?
Y el rey no supo que contestar y al saberse ellos también culpables soltó al reo.
Concluyo:
Sería irónico tratar de sacar la paja del ojo ajeno cuando en nosotros está una viga.
Antes de atrevernos a juzgar la falta ajena, miremos primeramente a nosotros mismos, y aunque consideremos que somos “santos”, no nos corresponde el juzgar a los demás.
De manera que:
Mateo 7:1-5 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
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