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Maripaz
09-Jan-2009, 16:10
Decálogo del predicador invitado

Sobre lo que, en mi humilde opinión, no debe hacer un invitado que visita para predicar una iglesia cuya congregación conoce poco o nada.





-Que llegue tarde y haya que estar esperándole como al Gran Buana.

-Que mientras predica pregunte, a cada instante, si se le entiende. Esta coletilla puede hacer que el grupo se sienta como el Gran Ignorante. Mejor y más humilde sería que preguntara si se está explicando bien.

-Que cuente chistes a tiempo y a destiempo. Hacerse el gracioso para ganarse la simpatía de la gente distrae del verdadero significado de la predicación.

-Que diga a los presentes que espabilen, sin saber hasta que punto están ya espabilados. Les puede hacer sentir como vagos y seguramente no lo son. Además, existe un peligro en contra y es que la petición puede salirle rana. Nunca se sabe si a algún atontado se le ocurre en ese momento metamorfosearse y, de borrego, pasa a ser persona. La cosa se podría liar allí mismo, entre banco y estrado. Lo mejor es no jugar con fuego no sea que le canten las cuarenta principales.

-Que suponga pecados cometidos por los asistentes sin meterse en el saco. Eso mosquea mucho. Lo primero que viene a la mente y de mala manera, es: ¡Anda que tú!, pues tienen derecho a defenderse.

-Que se agarre al púlpito como quien sostiene el poder entre sus manos y exprese cada dos por tres la importancia de su trabajo; el caché de los años de servicio, como si los que están sentado pasaran la vida rascándose la barriga.

-Que presuma de dones que no tiene, o si los tiene son semejantes a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo. Y habría que estárselos buscando en el baúl de los recuerdos, uuuh.

-Que se dirija a la congregación como si sólo hubiese hombres, olvidándose hasta de la madre que lo parió.

-Que dé por hecho que todo el mundo conoce sus venturas y desventuras; sus obras y milagros como los de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo.

-Que para una vez que hace acto de presencia en el lugar, se alargue tanto y tanto como si fuera esta noche la última vez y no quiera dejarse nada en el tintero por si no vuelve a ser convocado. Esto baja mucho la moral, el ánimo, da dolor de cabeza, ganas de estrellar el reloj contra el suelo, hormigueo en los pies, y quita las ganas, por los siglos de los siglos, amén, de un próximo encuentro.

Aquí lo dejo, no vaya a parecer que, con esto, estoy desanimando a los visitantes, muy al contrario, lo que he querido exponer son simplemente datos para llegar a un respeto mutuo.

El respeto engendra cariño. El cariño amistad. La amistad alegría. La alegría buena disposición. La buena disposición abre el entendimiento..., siga usted.



Isabel Pavón es escritora y miembro de una Iglesia evangélica en Málaga


© I. Pavón, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=2599

Winedus
10-Jan-2009, 17:17
Decálogo del predicador invitado



-Que se dirija a la congregación como si sólo hubiese hombres, olvidándose hasta de la madre que lo parió.

:D Para morirse de la risa, pero muy cierto