juan carlos hoy ro
24-Sep-2011, 03:34
El rechazo 05 junio 2011
Jeremías 22:28 Pastor:Juan Carlos Hoy
Iglesia Cristiana San Mateo
Jeremías 22:28 ¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido?
En este verso observamos a Conías ser comparado con una vasija despreciada y quebrada, con un trasto que nadie estima o quiere.
Este desprecio o rechazo hacía este personaje, es consecuencia de la mala vida que vivieron el y su padre Joacim rey de Judá, así que ese desprecio hacía estos personajes pudiéramos decir que era merecido, pero no nos vamos a detener en la vida de Joacim o de Conías, sino que quisiera entresacar, el como se percibe o se siente la persona que es rechazada.
Antes de ello le comento que la contracción del nombre de Conías, es expresión de menosprecio, asunto que podemos mirar hoy en día en muchas personas las cuales, están experimentando ya sea como padre, esposo, hijo, los mismos dolores, angustias y experiencias que tuvo Conías, hay muchos que como Conías que en estos momentos están experimentando lo mismo, y muy probablemente sin que estos sean tan “pecadores” como Conías, pero se sienten como una vasija despreciada y quebrada, como un trasto que nadie estima, que nadie quiere, personas que se llegan a sentir por este rechazo inservibles como dice la Revisión 95
(BL95) Este tal Jeconías, ¿es, acaso, un trasto viejo e inservible que ya nadie quiere? ¿Por qué han sido expulsados él y su familia y echados a un país que no conocían?
Personas que sin ser como Conías, experimentan lo mismo, personas que de una o de otra manera son despreciadas no tanto por la sociedad, sino aun por sus seres amados, aun por sus propios padres.
Qué importante es hablar acerca del rechazo, porque si nosotros de una o de otra manera hemos sido rechazados y con ello hemos sido heridos, sepamos perdonar y si nosotros somos los que tenemos esa actitud de estar rechazando procuremos no hacerlo, con esto en ninguna manera se quiere decir que uno va a recibir o a aceptar a cualquier persona, nada más porque no debo rechazar. Hablo del rechazo cuando ya hay lazos emocionales muy arraigados, cuando hay amor de por medio.
La persona que ha sido rechazada puede que tenga secuelas emocionales traumáticas, pueden quedar marcas indelebles para el resto de su vida.
El ser rechazado, el no ser aceptado, claro que duele, queramos o no reconocerlo.
Muchas personas aunque no lo crea, están sufriendo en silencio porque son objetos de ese rechazo.
Usted seguramente recordará personajes públicos que han sido rechazados, aun incluso por su propio país, como Salinas de Gortari, que tal vez se lo ganó a pulso. ¿Pero qué sintieron estos personajes al ser rechazados?
92-503
En diciembre de 1989 fue depuesto el dictador Manuel Noriega, de Panamá, logró refugiarse en el interior de la embajada del vaticano en Panamá, donde se sintió seguro durante los días que permaneció allí, se hicieron gestiones con diversos países para que le dieran asilo político, pero todos lo rechazaron, ningún país le abrió las puertas para refugiarse dentro de sus fronteras, el mundo entero lo rechazaba.
¿Podríamos imaginarnos lo que significa ser rechazado de esta manera?
¿Podemos pensar lo que significa no tener un hogar a donde ir?
¿Podemos imaginar lo que es no ser recibido en ninguna parte?
¿Podemos imaginarnos que cuando nosotros quisiéramos entrar a algún espectáculo llámese futbol, teatro, cine o quisiésemos entrar a alguna cafetería, restaurant o a cualquier puesto de comida y nadie nos recibiera y nadie nos quisiera atender?
¿O, podríamos imaginar que nuestros familiares, amigos, padres o hijos o nuestro ser amado no quisieran tener ningún trato con nosotros?
La sociedad esta llena de personas como Conías, o Manuel Noriega o Salinas.
Los llamados de distinta manera:
Enfermos de sida, gente sin empleo, los indigentes, los divorciados, los abandonados, los huérfanos, los hijos sin un padre, los ancianos, los bebés, los esposos, las esposas, los que pecan, muchos de ellos y más conocen la tragedia de sentirse como una vasija despreciada y quebrada en un trasto que nadie estima.
¿Cuántas veces usted y yo no nos habremos sentido así?
La vasija era un utensilio o recipiente de arcilla o de material más noble que los israelitas usaban para líquidos, la vasija era lo que hoy es nuestro tiempo la olla de barro.
Mujer ¿Qué hace usted con una olla de barro que ya no es útil, que tal vez se le rompió el asiento o se rompió de un lado?
Olla que no retiene ningún líquido ¿será acaso puesta en la vitrina para lucirla con sus amistades? ¿Acaso la pondrá en la mesa de centro como un bonito recuerdo? ¿Verdad que no hace eso? Sino más bien la termina de romper, la echa a la basura o en el mejor de los casos la usa para maceta o para darle de comer al perro.
¿O, que hace usted con el pocillo de peltre que está abollado o agujerado? ¿Tomará usted su cafecito en el y más si tiene visitas? ¿Lo presumiría?
Más bien lo mete hasta el rincón, y sacará la vasija de porcelana.
Hay trastos que nadie estima, hay trastos que son despreciados y son quebrados y puestos en la basura.
Que bueno que despreciemos y quebremos trastos que ya no sirven, pero que malo es que el ser humano llámese papá, mamá, hijo, hermano, sean tratados como esos utensilios, como esos trastos, despreciados y rechazados.
A veces los hijos se sienten así, por el trato que les dan los padres, a veces el hijo se siente como el trasto que nadie estima, incluso muchos son vistos así desde que son engendrados. ¿Cómo es posible que quedaras embarazada? ¡Yo no quiero a ese hijo! ¡Si no te deshaces de el olvídate de mi! Y muchas madres por no perder a ese ser insensible mal llamado “padre”, echan a la basura a sus hijitos, como si fueran un trasto viejo.
Pero, hay otros que logran sobrevivir, pero para sufrir lo inimaginable, aparte de palabras humillantes, lacerantes, que denigran al ser humano, también sufren de tremendas golpizas aun dentro del vientre, tal vez buscando con ello que allí mueran. Todo porque no era un bebé deseado, un bebé amado, ¿cuántos hijos no habrán escuchado dentro del vientre ojalá y se muera el chamaco, o cuando nazca lo regalamos? ¡Cómo me estorbas! ¡Era feliz hasta que me embarace! ¡Como te odio! Hay madres que lloran de de rencor, de odio o amargura porqué quedaron embarazadas, muchos y muchas no se dan cuenta que el bebé les escucha, la ciencia lo ha demostrado, el bebé escucha todo lo que proviene de fuera, oye la voz de los papás, la música, las oraciones pero también las maldiciones, escucha cuando usted le lee la Palabra, cuando le dice que lo ama, pero también cuando le dice que no le ama, que no es deseado.
Muchos niños nacen pero lamentablemente son regalados o son abandonados en casa, puestos al cuidado del perro o de otros.
Emociones 62 Ela
Yolanda nunca supo lo que era el amor de los padres.
Día tras día ella cuidaba a su hermanita; con la esperanza de ser reconocida o de recibir afecto de su madre.
Pero la madre siempre ignoro los esfuerzos de esta hija.
Sucedió que más adelante, la madre fastidiada de sus dos hijas las llevó a un orfanatorio, donde la mujer las visitó solo dos veces en siete años.
Algún tiempo después las adoptaron, pero eran golpeadas y alimentadas con sobras, fastidiados los padres adoptivos averiguaron que su madre era mesera y decidieron recorrer todos los restaurantes de la ciudad hasta encontrarla.
Cuando por fin la vieron, trataron de abrazarla pero la malvada las corrió sin miramientos, no importando que con esa actitud les hiciera pedazos sus corazoncitos.
Para cuando llegó a los 18 años, Yolanda había pasado por muchos hogares y tenía la espalda surcada de cicatrices por las golpizas que le habían propinado durante su existencia, jamás había escuchado un: Te amo.
Muchos como Yolanda, no solo han sido repudiados, rechazados, sino que además se sienten responsables de que su familia se haya destruido.
Los hijos no deseados son candidatos ideales a sufrir del sentimiento de rechazo, tal vez por haber sido concebidos sin amor o simplemente porque sus padres no deseaban tenerlos.
Esos hijos no deseados si es que llegan vivir, por lo general serán criados por otros brazos, privándoles de lo esencial: el amor de los padres.
Desde la más tierna infancia los niños perciben esto, se les hace a un lado como si fuesen una molestia, ellos reaccionan haciendo desesperados esfuerzos por llamar la atención, pero lo único que reciben si bien les va son desaires o maldiciones.
Pero a medida que pasan los años se hunden más y más, muchos huyen del hogar a temprana edad para ser víctimas de los inescrupulosos delincuentes que, trafican son sexo infantil para saciar los bajos instintos de hombres y mujeres.
Aun en hogares donde los hijos son aceptados y amados, llegan a experimentar algún tipo de desprecio o rechazo, porque según ellos el hijo mayor es el más brillante, el más guapo, el que más se parece a papá o mamá y los padres los favorecen o lo comparan con el otro en forma negativa.
Otros prefieren a la hija y le dan privilegios y atenciones especiales, olvidándose de los demás, papá y mamá, las palabras más terribles que usted le puede decir a los hijos, son: ¿para qué naciste? Me arrepiento de haberte engendrado. Yo no soy tu papá, aunque si lo sea. Tú no eres mi hijo ni te pareces a mí, maldito el día que naciste. Por tu culpa todo me sale mal. Prefiero gastar en otras cosas que en ti.
Lo más doloroso para los hijos, es hacerles saber que las cosas materiales son más importantes que ellos. Y para ello no necesitamos decírselo, ellos se dan cuenta.
El hijo se acerca y no le tiene tiempo, lo hace a un lado eso es rechazarle; estoy muy ocupado, cansado, eso es rechazarlo, y el hijo va creciendo con mentalidad de sentirse poco importante, inferior e incluso inútil.
Si no tenemos tiempo para los hijos ¿para qué los engendramos?
Hay hijos que aunque estén con sus padres, estos son maltratados física y emocionalmente, el hijo nunca satisface las demandas de sus padres, por más nobleza que haya, por mejor empeño que el hijo ponga por agradar, los padres no lo valoran nada de lo que hace el hijo satisface a sus padres, los cuales lo humillan, lo golpean, le reprochan, a tal grado que el hijo se llega a sentir peor que la basura, el hijo debe saberse y sentirse amado, valorado. Hay hijos que en medio de la humillación de sus padres o familiares salen adelante, pero otros se van de casa o se matan.
Crecimiento en la adversidad
Hiram creció en un hogar sin amor. Nunca vio a su madre derramar una lágrima. Su padre fue siempre frío y áspero.
El más grande temor de Hiram en la vida era de que llegase a ser lo que su padre ya lo consideraba: un fracaso. A la edad de 17 años, Hiram se enroló en la Academia Militar de los Estados Unidos. Él no quería asistir a la Academia Militar. De hecho, menospreciaba la Academia Militar, pero no se atrevió a desafiar el deseo de su padre.
Al comienzo se desempeñó pobremente en sus estudios, pero, al adaptarse, sus calificaciones mejoraron gradualmente y para cuando se graduó, su promedio figuraba apenas debajo de la mediana de su clase.
Poco después de la graduación, regresó a su pueblo natal vistiendo su uniforme militar. Para su vergüenza, cuando llegó, ¡la gente de su comunidad se rió de él! Simplemente no podían aceptar a un "fracasado" a Hiram como soldado.
Esta humillante recepción dejó una profunda impresión en Hiram para el resto de su vida. Años después, tras llegar a convertirse en un general de tres estrellas, Hiram se sentía incómodo luciendo el uniforme. En consecuencia, cada vez que podía, vestía una camiseta con tres estrellas cosidas en cada hombro en vez de su uniforme regular.
Eventualmente Hiram se sobrepuso al sarcasmo y rechazo recibido de su familia y "amigos", alcanzando el rango militar más alto cuando fue nombrado el líder del Ejército de la Unión.
¡Y qué líder llegó a ser! Y es que, verán, Hiram es conocido por nosotros hoy como Ulises S. Grant, ¡el gran general del Ejército de la Unión que más tarde llegaría a ser presidente de los Estados Unidos!
Hiram experimentó humillación; experimentó rechazo; experimentó fracaso. Pero porque rehusó definirse a sí mismo por los escollos de su pasado, porque perdonó a sus atormentadores y olvidó sus fracasos, ¡Ulises S. Grant pudo buscar muy dentro de sí mismo y desatar todo su potencial!
Pero no todos salen adelante, aquí no son los Estados Unidos, aquí es México y hay padres que en absoluto les importan los hijos, y en lugar de motivarlos, de amarlos, de valorarlos, los denigran a tal grado que llegan a buscar la muerte, no hay nada peor para una persona que el no saberse amada:
Por no obedecer a mí maestra Pablo
Con mala ortografía y torpe letra el chico comenzó a escribir. Evidentemente el muchacho era rebelde e indisciplinado. Como castigo, la maestra le había asignado una tarea especial. Debía escribir, 300 veces, la frase: «No debo desobedecer a mi maestra.»
Se trataba de Jorge Licea, de origen mexicano. Estaba asistiendo a una escuela pública en la ciudad de Los Ángeles, California. Jorge escribió, y escribió, hasta el fin de la clase. Al día siguiente Jorge llegó temprano a la escuela, pero no se juntó con sus amigos. Estaba como confundido y melancólico.
Quieto y sombrío, se detuvo en la puerta de su aula y comenzó a llorar. Luego, ante el espanto de sus compañeros, sacó de su bolsillo un revólver, se lo puso a la sien y apretó el gatillo. Jorge Licea tenía diez años de edad.
Este caso conmovió a la gran ciudad. Terminada la investigación, se halló que la causa de la tragedia no era la tarea que la maestra le había dado. El castigo sólo hizo estallar una causa que era mucho más profunda que una simple tarea.
La causa, que procedía de la vida del muchacho, tenía que ver con su hogar. Allí estaba evidenciada la fórmula de siempre: pobreza, violencia, drogas, alcohol y maltrato. El niño vivía en un infierno. Con apenas diez años de edad, ya había aguantado todo lo que un ser humano es capaz de aguantar. Y como no vio salida alguna, optó por quitarse la vida.
A veces lo que debiera ser lo más bello en esta vida, el matrimonio, resulta ser no sólo la boca del infierno sino el infierno mismo debido a insolencias y hostilidades. El orgullo y la rebeldía deshacen el hogar, quebrantan a los hijos y convierten en llamas de horror lo que comenzó siendo nido de amor.
Somos nosotros los que provocamos nuestros infiernos. Es increíble el mal que nos hacemos a nosotros mismos. Creemos que cuando nos imponemos, forzando nuestra opinión y exigiendo que se respeten nuestras disposiciones, salimos ganando. Pero es todo lo contrario.
¿Por qué habrá tanta disensión en el mundo? ¿Por qué será que hermanos se matan unos a otros? ¿Por qué los recién casados, que comenzaron con las más grandes ilusiones de amor, llegan a odiarse? Por una sola razón: la rebeldía y el egoísmo. ¿Cuándo reconoceremos que el problema lo somos nosotros mismos?
Así es la vida de muchos hijos en este mundo perdido y desviado en que vivimos. Quizá usted, mi querido joven, se encuentra en una situación parecida. Quizá la vida suya también sea un infierno. ¿Será eso todo lo que este mundo ofrece? La respuesta, positiva y categórica, es: «¡No!»
En cierta ocasión Jesucristo dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Lucas 18:16). Cristo, el autor de la vida, tiene una compasión muy especial por todos los que sufren injustamente.
Permítanme una palabra a ustedes, padres. ¿Será el ambiente de su hogar uno que podría dar lugar a la confusión y al deterioro moral de sus hijos? Su hogar es el único albergue que ellos tienen, y la vida presente y futura de ellos será una copia exacta de lo que es el hogar suyo.
Invitemos a Cristo, queridos padres, a ser el Señor de nuestro hogar. Cuando él reina en el hogar, hay serenidad y madurez y juicio y paz. Sólo Cristo produce cordura y armonía. Él quiere salvar nuestro hogar. Permitámosle entrar.
Pero no nada más es en la infancia cuando se llega a sufrir el rechazo, aun de adultos usted y yo podemos ser rechazados, cuando se llega a ser víctima de ello, puede ser tan traumático como en la infancia:
Emociones 63 ELA
Durante los 20 años que estuvo casada, Mercedes se dedicó a criar a los ocho hijos que había procreado con su esposo, como era sumamente religiosa, se encargaba de que todos asistieran a la iglesia con ella, su marido era el rey de su vida y lo consideraba incapaz de hacer nada malo, aunque había notado que su pasión disminuía no estaba preparada para recibir la noticia de que quería divorciarse de ella para casarse con su secretaria.
Emocionalmente deshecha, tuvo que ser internada en un hospital para enfermos mentales y dos años después trató de quitarse la vida.
Hay muchos factores por los cuales podríamos llegar a sentirnos rechazados y no necesariamente por haber echo algo grave.
Como por ejemplo, cuando el esposo se acerca con su esposa y la esposa no tiene humor de aceptar su afecto, caricias insinuaciones o alguna palabra de amor.
Cuando usted rechaza a su esposo en estas áreas u otras más, lástima su corazón, sus emociones o sentimientos.
A veces el esposo quiere solamente platicar, pero usted no le tiene tiempo, o el esposo le pide que haga algo y usted lo ignora, la poca atención que la esposa dedica al esposo, le está demostrando en cierta manera que para usted el es de poca importancia, que no le necesita, que no es de utilidad.
Pero lo mismo puede hacer el esposo ante las demandas de afecto, amor, tiempo o atención que pide la esposa y no ser atendidas.
¿Qué imagina usted que siente aquel esposo o esposa que trata de abrazar o besar a su pareja y el ser amado le detiene en seco? ¡No me estés molestando! ¡Tengo mucho quehacer! ¡Tengo mucho trabajo! Y tú vienes con tus cursilerías.
Cuando uno se acerca al ser amado, es para sentirse amado, aceptado, pero no se acerca uno para ser rechazado o despreciado. ¿Cuántas veces no se habrá rechazado al ser amado? A lo mejor ya hasta se perdió la cuenta, a tal grado que es más fácil contar cuando lo aceptó o cuando lo abrazó.
Cuando usted rechaza, es probable que no piense lo que la persona rechazada está sintiendo, imagine como está el corazón de aquella persona que desde niño fue despreciado o rechazado y ahora de casado se repite le ciclo.
¿Todavía le brillarán los ojitos de emoción cuando se acerca a usted su ser amado?
Sin embargo, no nada más el rechazo se da en el seno familiar.
Jim, que cuando rebasó los 40 años era un exitoso hombre de empresa, había llegado a ser vicepresidente de mercadotecnia; todo su aspecto hablaba de prosperidad, por aquel entonces su compañía se fusionó con otra mucho más grande y se le forzó a renunciar.
Dos años después, aun seguía pensando que era un fracasado, sus esfuerzos por entrar a otro empleo fueron inútiles ¡Ya estás muy viejo! Le decían, y esto hizo que se sintiera peor, a tal grado que su esposa tuvo que trabajar para ayudar a los gastos, fue la estocada final. ¡Claro que se busca la muerte!
¡Rechazado por la sociedad! Igual que Conías, vasija rota, despreciada, trasto que nadie estima.
Salmo 22:6 Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
(BL95) Mas yo soy un gusano y ya no un hombre; los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia.
Así se llega a sentir el ser humano ante el desprecio.
Podemos citar muchos ejemplos más, de los vecinos, de los profesores, de los jefes, de los hijos cuando rechazan a sus padres, pero no hay necesidad de ello.
El rechazo es: desechar, dejar fuera, dejar a un lado.
¿Qué consecuencias probables trae consigo el ser rechazado?
Cuando la persona se encuentra en ese estado, se convierte en campo fértil para una sucesión interminable de variados sentimientos por lo general negativos.
En primer lugar se da paso a la soledad, la persona rechazada se sabe y se siente terriblemente solo, esa soledad le puede llevar a la depresión, al fatalismo, o dar paso al resentimiento, la amargura la ira o el odio o incluso como mirábamos anteriormente a querer suicidarse.
Algunas personas se vuelven indiferentes o despectivas con quienes los han menospreciado, dando a entender que no les importa nada de ellos.
Con frecuencia los jóvenes desaparecen sin avisar a los padres.
Y algunos sencillamente no se presentan a reuniones familiares, trasladan su amargura al trabajo en donde se niegan a hablar con sus compañeros.
Hay personas que al saberse rechazadas se refugian en cosas incorrectas, el vicio drogas, alcohol, malas compañías, brazos equivocados e incluso algunos se meten al ocultismo al satanismo.
Al no encontrar aceptación, poco a poco se va degradando hasta que tal vez, algún día amanezca muerto por un exceso.
Todos podemos soportar heridas corporales, una pierna rota, la pérdida de una mano, de la vista o cualquier clase de dolor físico que puede ser quitado con algún sedante, pero pocos muy pocos son capaces de soportar el rechazo del ser amado, porque sus sentimientos fueron heridos y eso les mete en angustia horrible: Proverbios 18:14 El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?
(BL95) Lo que mantiene al hombre en su enfermedad es su espíritu; pero ¿cómo levantar a un espíritu deprimido?"
(LBLA) El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad, pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
Cuando se siente amado, aceptado, valorado no importa que este cojo, manco, ciego, chimuelo, prieto, chaparro, gordo, calvo, se esté enfermo del corazón o se tenga cáncer o se tenga cualquier enfermedad terminal o queden pocos días de vida, se tiene fuerza y vigor por saberse amado, el amor embellece y levanta a quien lo recibe y enaltece a quien lo otorga.
Pero cuando no se sabe amado ni valorado, hasta una simple gripa nos puede llevar al hospital.
Nada más que allí, no curan las heridas del corazón, solo usted y yo tenemos ese bálsamo llamado amor, aceptación, que puede curar el herido emocionalmente, sino lo cree haga la prueba, dígale a la persona que le ama que usted no le ama y verá como se pone, inmediatamente decae su espíritu, pero abrácelo, amelo, acéptelo, valórelo, bendiga a su pareja a sus hijos y verá como todo cambia como por arte de magia, es la magia que tiene el amor, considero que uno puede morir en paz cuando uno se supo amado.
Cuando hay amor y aceptación quedan fuera caras largas, caras enojadas, semblantes tristes, rostros angustiados, el mal carácter, y se empieza a notar la armonía, porque esos trastos llamados seres humanos comienzan a ser valorados, útiles, amados. Mire como se siente una persona en angustia.
Salmo 102:1-10 Jehová, escucha mi oración, Y llegue a ti mi clamor. 2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. 3 Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. 4 Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. 5 Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne. 6 Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; 7 Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado. 8 Cada día me afrentan mis enemigos Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí. 9 Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas, 10 A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado.
(NBLH) A causa de Tu indignación y de Tu enojo; Pues Tú me has levantado y me has rechazado.
Se le fue el hambre, adelgazo, se sentía como un animalito, como el búho, en el desierto, el pelicano, o como el pájaro solitario en el tejado, por dentro estaba seco como la hierba, hasta para tomar agua lloraba.
Esto tiene remedio, el que pueda amar y aceptar que lo haga. Sobre todo a la persona con la cual existen vínculos emocionales de amor.
El problema del rechazo no puede uno curarlo solo con el intelecto, ya que no solo fueron heridos el alma o sentimientos, sino también el corazón.
Proverbios 17:22 El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos.
(BJ) El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos.
Pero ¿cómo se puede tener el corazón alegre si ni el perro nos ama? Una persona amada es una persona alegre, contenta.
La persona que se sabe amada lucha por sobrevivir, pero la que no dice: ¿tiene caso? ¿Cómo quieres que esté contento si acaban de terminar conmigo? Usted sabe que una decepción amorosa puede ser la puerta al suicidio a la muerte.
Ahora, no espere recibir amor de quien a lo mejor ni lo conoce, nadie puede dar lo que no tiene.
La gente que conoce a Dios de refugia en el Salmo 147:3 El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.
(DHH) Él sana a los que tienen roto el corazón, y les venda las heridas.
El intelecto puede decir voy a ignorar a esa gente, ni siquiera pensaré en ellos, pero si el problema no se resuelve al nivel más profundo de la conciencia, permanece en el subconsciente y emerge cuando menos se le espera.
La respuesta para salir de ello se encuentra en Isaías 53, cuando leemos este pasaje, nos damos cuenta que podemos pasar de la autocompasión a la alabanza y adoración a Dios y de la amargura al perdón y al amor.
Jesucristo nos pone el máximo ejemplo:
Isaías 53:3-7 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Nació en tierra seca, la ciudad de Nazaret era mal vista por la alta sociedad de su tiempo, luego dice que fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, fue ridiculizado, se burlaron de el, dio amor y le pagaron con ingratitud y traición, cuando más necesitaba a aquellos que les dedicó tres años de su vida, lo abandonaron, trataron de despeñarlo, decían que estaba endemoniado, su propia familia le dio la espalda creían que estaba loco, en el día de su mayor necesidad, el día de su crucifixión todos se aliaron contra el, murió solo, todos lo abandonaron.
¿Por qué pudo soportar todo esto? Porque poco a poco fue enseñado a ser rechazado, poco a poco le enseñaron lo que era el quebrantamiento, la soledad, el desprecio, hasta forjar a nuestro Salvador, ¡Que terrible ha de haber sido entrar en la escuela del sufrimiento! ¡Pero se graduó y nos dio esa salvación tan grande!
Cuando fue lleno de amor a los suyos, los suyos le dieron la espalda Juan 1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
(BL95) Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron.
Llegó a tal grado ese rechazo, ese desprecio por Jesús que dice: Isaías 53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
(BAD) Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.
¿No le ha tocado saber de alguien o incluso ser el protagonista al sentirse así?
No obstante en medio de este horrible sufrimiento, el estaba contento de hacer la voluntad del Padre, dejando de lado la soledad, el menosprecio, el rechazo, el dolor.
Todo eso lo padeció y solo el y Dios saben sus terribles momentos que pasó principalmente en esos tres años que duró su ministerio.
Hizo a un lado la autocompasión, el dolor físico y anímico.
Es importante que comprendamos que el sufrió el menosprecio tanto de la sociedad como de sus semejantes, a tal grado que el supo lo que era sentirse abandonado y rechazado.
Tal vez usted piense, pero Jesús fue amado por sus padres, en cambio yo fui rechazado por los míos, además como el nunca se casó, no supo lo que se siente ser rechazado por el novio, novia esposo o esposa.
¿Está seguro? Jesús se sintió abandonado y rechazado aun por su propio padre y no precisamente José, sino por Dios mismo.
¿Acaso no cuando agonizaba en la cruz del calvario exclamó diciendo: “Dios mío, Dios mío por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)
(BL95) A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Imagine la angustia del Maestro, ¿qué pasó por su mente? “Entiendo que los hombres me abandones, pero ¿Tú?
Uno entiende que muchos no nos amen y su rechazo no duele, pero si duele el rechazo de quien amamos y que dijeron algún día amarnos.
Ahora bien, si a Jesús le hicieron esto ¿qué pudiésemos esperar nosotros? Habrá gente que no quiera ni vernos, que se esconda de nosotros, que nos rechacen, pero debemos sobreponernos para abrazar y bendecir a quien nos acepte, para amar y levantar a quien tenga necesidad, aunque uno sea privado de ello, aunque uno no reciba amor nuestro deber como hijos de Dios es amar.
A lo mejor a la gente que usted más bendice, a la que más se entrega, a la que más ama, le haga lo que le hicieron a Jesús, pero eso no debe ser impedimento para seguir, ayudando, aceptando, amando, levantando, bendiciendo, el ser rechazados pudiera ser parte de nuestro aprendizaje ¿no lo cree?
Pero es que se siente muy feo, nadie dice que se sienta bonito.
Jesús fue a llorar al huerto de Getsemaní, a lo mejor ese huerto es su cuarto de oración, el hombro de un amigo, o de alguien que le ama, Jesús fue fortalecido por un ángel, ese ángel bien pudiera ser quien menos esperamos. Aunque nos rechacen, nosotros no debemos hacerlo, aunque no nos amen nosotros debemos amar:
Fue lo que hizo nuestro Maestro, a pesar de ser rechazado el no rechazó, a pesar de ser menospreciado, el no menospreció, a pesar de ser negado por los hombres, el no los negó en la cruz del calvario, a pesar de no ser amado el amó, hasta el grado de poner su vida por usted y por mí.
El día de hoy el Señor puede asomarse a la iglesia y mirar que valió la pena el ser afligido, rechazado, porque a pesar de todo ello, el nos enseñó a amar, y perdonar, y el espera que usted y yo hagamos lo mismo. ¿Lo haremos?
No rechace, acepte, ame.
Perdone a los que le han despreciado o rechazado o lastimado.
Si tiene oportunidad sane, restaure a los que han sido rechazados.
No meternos en la autocompasión, aunque no seamos amados, hay personas que aunque no lo crea necesitas de nosotros ¿estaremos?
¿Cómo trataremos a la gente que nos ama a partir de hoy? A la esposa, esposo, hijos o personas que nos quieren bien.
¿Cómo trataremos a aquellas personas que constantemente nos lastiman con su indiferencia o rechazo? Uno debe de estar para ellas cuando nos necesiten, porque el amor es paciente
¿De a donde sacaremos esas fuerzas o fortaleza para hacerlo? El Salmista nos da el secreto Salmo 119:141-43 Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.
(BL95) Aunque soy poca cosa y despreciable, no me olvido de tus ordenanzas.
(VM) Pequeño soy y despreciado; mas no me he olvidado de tus preceptos.
142 Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad. 143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.
Relacionémonos con los demás sin miedos, usted ame aunque no lo amen, no debe haber temores sabiendo que nuestra aceptación no depende de los hombres sino de Dios.
Oremos si alguien le ha despreciado o rechazado, es momento de perdonar y orar por esa o esas personas, pidiendo bendición.
Si usted ha sido el que ha rechazado o menospreciado, de igual manera es hora de pedir perdón y si está a su alcance ya no siga rechazando sobre todo a sus seres amados.
Si le siguen rechazando Mateo 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Alguien llegará a su vida y traerá ese bálsamo hermoso llamado aceptación y amor. Y si no el Señor en su tiempo lo hará.
Jeremías 22:28 Pastor:Juan Carlos Hoy
Iglesia Cristiana San Mateo
Jeremías 22:28 ¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido?
En este verso observamos a Conías ser comparado con una vasija despreciada y quebrada, con un trasto que nadie estima o quiere.
Este desprecio o rechazo hacía este personaje, es consecuencia de la mala vida que vivieron el y su padre Joacim rey de Judá, así que ese desprecio hacía estos personajes pudiéramos decir que era merecido, pero no nos vamos a detener en la vida de Joacim o de Conías, sino que quisiera entresacar, el como se percibe o se siente la persona que es rechazada.
Antes de ello le comento que la contracción del nombre de Conías, es expresión de menosprecio, asunto que podemos mirar hoy en día en muchas personas las cuales, están experimentando ya sea como padre, esposo, hijo, los mismos dolores, angustias y experiencias que tuvo Conías, hay muchos que como Conías que en estos momentos están experimentando lo mismo, y muy probablemente sin que estos sean tan “pecadores” como Conías, pero se sienten como una vasija despreciada y quebrada, como un trasto que nadie estima, que nadie quiere, personas que se llegan a sentir por este rechazo inservibles como dice la Revisión 95
(BL95) Este tal Jeconías, ¿es, acaso, un trasto viejo e inservible que ya nadie quiere? ¿Por qué han sido expulsados él y su familia y echados a un país que no conocían?
Personas que sin ser como Conías, experimentan lo mismo, personas que de una o de otra manera son despreciadas no tanto por la sociedad, sino aun por sus seres amados, aun por sus propios padres.
Qué importante es hablar acerca del rechazo, porque si nosotros de una o de otra manera hemos sido rechazados y con ello hemos sido heridos, sepamos perdonar y si nosotros somos los que tenemos esa actitud de estar rechazando procuremos no hacerlo, con esto en ninguna manera se quiere decir que uno va a recibir o a aceptar a cualquier persona, nada más porque no debo rechazar. Hablo del rechazo cuando ya hay lazos emocionales muy arraigados, cuando hay amor de por medio.
La persona que ha sido rechazada puede que tenga secuelas emocionales traumáticas, pueden quedar marcas indelebles para el resto de su vida.
El ser rechazado, el no ser aceptado, claro que duele, queramos o no reconocerlo.
Muchas personas aunque no lo crea, están sufriendo en silencio porque son objetos de ese rechazo.
Usted seguramente recordará personajes públicos que han sido rechazados, aun incluso por su propio país, como Salinas de Gortari, que tal vez se lo ganó a pulso. ¿Pero qué sintieron estos personajes al ser rechazados?
92-503
En diciembre de 1989 fue depuesto el dictador Manuel Noriega, de Panamá, logró refugiarse en el interior de la embajada del vaticano en Panamá, donde se sintió seguro durante los días que permaneció allí, se hicieron gestiones con diversos países para que le dieran asilo político, pero todos lo rechazaron, ningún país le abrió las puertas para refugiarse dentro de sus fronteras, el mundo entero lo rechazaba.
¿Podríamos imaginarnos lo que significa ser rechazado de esta manera?
¿Podemos pensar lo que significa no tener un hogar a donde ir?
¿Podemos imaginar lo que es no ser recibido en ninguna parte?
¿Podemos imaginarnos que cuando nosotros quisiéramos entrar a algún espectáculo llámese futbol, teatro, cine o quisiésemos entrar a alguna cafetería, restaurant o a cualquier puesto de comida y nadie nos recibiera y nadie nos quisiera atender?
¿O, podríamos imaginar que nuestros familiares, amigos, padres o hijos o nuestro ser amado no quisieran tener ningún trato con nosotros?
La sociedad esta llena de personas como Conías, o Manuel Noriega o Salinas.
Los llamados de distinta manera:
Enfermos de sida, gente sin empleo, los indigentes, los divorciados, los abandonados, los huérfanos, los hijos sin un padre, los ancianos, los bebés, los esposos, las esposas, los que pecan, muchos de ellos y más conocen la tragedia de sentirse como una vasija despreciada y quebrada en un trasto que nadie estima.
¿Cuántas veces usted y yo no nos habremos sentido así?
La vasija era un utensilio o recipiente de arcilla o de material más noble que los israelitas usaban para líquidos, la vasija era lo que hoy es nuestro tiempo la olla de barro.
Mujer ¿Qué hace usted con una olla de barro que ya no es útil, que tal vez se le rompió el asiento o se rompió de un lado?
Olla que no retiene ningún líquido ¿será acaso puesta en la vitrina para lucirla con sus amistades? ¿Acaso la pondrá en la mesa de centro como un bonito recuerdo? ¿Verdad que no hace eso? Sino más bien la termina de romper, la echa a la basura o en el mejor de los casos la usa para maceta o para darle de comer al perro.
¿O, que hace usted con el pocillo de peltre que está abollado o agujerado? ¿Tomará usted su cafecito en el y más si tiene visitas? ¿Lo presumiría?
Más bien lo mete hasta el rincón, y sacará la vasija de porcelana.
Hay trastos que nadie estima, hay trastos que son despreciados y son quebrados y puestos en la basura.
Que bueno que despreciemos y quebremos trastos que ya no sirven, pero que malo es que el ser humano llámese papá, mamá, hijo, hermano, sean tratados como esos utensilios, como esos trastos, despreciados y rechazados.
A veces los hijos se sienten así, por el trato que les dan los padres, a veces el hijo se siente como el trasto que nadie estima, incluso muchos son vistos así desde que son engendrados. ¿Cómo es posible que quedaras embarazada? ¡Yo no quiero a ese hijo! ¡Si no te deshaces de el olvídate de mi! Y muchas madres por no perder a ese ser insensible mal llamado “padre”, echan a la basura a sus hijitos, como si fueran un trasto viejo.
Pero, hay otros que logran sobrevivir, pero para sufrir lo inimaginable, aparte de palabras humillantes, lacerantes, que denigran al ser humano, también sufren de tremendas golpizas aun dentro del vientre, tal vez buscando con ello que allí mueran. Todo porque no era un bebé deseado, un bebé amado, ¿cuántos hijos no habrán escuchado dentro del vientre ojalá y se muera el chamaco, o cuando nazca lo regalamos? ¡Cómo me estorbas! ¡Era feliz hasta que me embarace! ¡Como te odio! Hay madres que lloran de de rencor, de odio o amargura porqué quedaron embarazadas, muchos y muchas no se dan cuenta que el bebé les escucha, la ciencia lo ha demostrado, el bebé escucha todo lo que proviene de fuera, oye la voz de los papás, la música, las oraciones pero también las maldiciones, escucha cuando usted le lee la Palabra, cuando le dice que lo ama, pero también cuando le dice que no le ama, que no es deseado.
Muchos niños nacen pero lamentablemente son regalados o son abandonados en casa, puestos al cuidado del perro o de otros.
Emociones 62 Ela
Yolanda nunca supo lo que era el amor de los padres.
Día tras día ella cuidaba a su hermanita; con la esperanza de ser reconocida o de recibir afecto de su madre.
Pero la madre siempre ignoro los esfuerzos de esta hija.
Sucedió que más adelante, la madre fastidiada de sus dos hijas las llevó a un orfanatorio, donde la mujer las visitó solo dos veces en siete años.
Algún tiempo después las adoptaron, pero eran golpeadas y alimentadas con sobras, fastidiados los padres adoptivos averiguaron que su madre era mesera y decidieron recorrer todos los restaurantes de la ciudad hasta encontrarla.
Cuando por fin la vieron, trataron de abrazarla pero la malvada las corrió sin miramientos, no importando que con esa actitud les hiciera pedazos sus corazoncitos.
Para cuando llegó a los 18 años, Yolanda había pasado por muchos hogares y tenía la espalda surcada de cicatrices por las golpizas que le habían propinado durante su existencia, jamás había escuchado un: Te amo.
Muchos como Yolanda, no solo han sido repudiados, rechazados, sino que además se sienten responsables de que su familia se haya destruido.
Los hijos no deseados son candidatos ideales a sufrir del sentimiento de rechazo, tal vez por haber sido concebidos sin amor o simplemente porque sus padres no deseaban tenerlos.
Esos hijos no deseados si es que llegan vivir, por lo general serán criados por otros brazos, privándoles de lo esencial: el amor de los padres.
Desde la más tierna infancia los niños perciben esto, se les hace a un lado como si fuesen una molestia, ellos reaccionan haciendo desesperados esfuerzos por llamar la atención, pero lo único que reciben si bien les va son desaires o maldiciones.
Pero a medida que pasan los años se hunden más y más, muchos huyen del hogar a temprana edad para ser víctimas de los inescrupulosos delincuentes que, trafican son sexo infantil para saciar los bajos instintos de hombres y mujeres.
Aun en hogares donde los hijos son aceptados y amados, llegan a experimentar algún tipo de desprecio o rechazo, porque según ellos el hijo mayor es el más brillante, el más guapo, el que más se parece a papá o mamá y los padres los favorecen o lo comparan con el otro en forma negativa.
Otros prefieren a la hija y le dan privilegios y atenciones especiales, olvidándose de los demás, papá y mamá, las palabras más terribles que usted le puede decir a los hijos, son: ¿para qué naciste? Me arrepiento de haberte engendrado. Yo no soy tu papá, aunque si lo sea. Tú no eres mi hijo ni te pareces a mí, maldito el día que naciste. Por tu culpa todo me sale mal. Prefiero gastar en otras cosas que en ti.
Lo más doloroso para los hijos, es hacerles saber que las cosas materiales son más importantes que ellos. Y para ello no necesitamos decírselo, ellos se dan cuenta.
El hijo se acerca y no le tiene tiempo, lo hace a un lado eso es rechazarle; estoy muy ocupado, cansado, eso es rechazarlo, y el hijo va creciendo con mentalidad de sentirse poco importante, inferior e incluso inútil.
Si no tenemos tiempo para los hijos ¿para qué los engendramos?
Hay hijos que aunque estén con sus padres, estos son maltratados física y emocionalmente, el hijo nunca satisface las demandas de sus padres, por más nobleza que haya, por mejor empeño que el hijo ponga por agradar, los padres no lo valoran nada de lo que hace el hijo satisface a sus padres, los cuales lo humillan, lo golpean, le reprochan, a tal grado que el hijo se llega a sentir peor que la basura, el hijo debe saberse y sentirse amado, valorado. Hay hijos que en medio de la humillación de sus padres o familiares salen adelante, pero otros se van de casa o se matan.
Crecimiento en la adversidad
Hiram creció en un hogar sin amor. Nunca vio a su madre derramar una lágrima. Su padre fue siempre frío y áspero.
El más grande temor de Hiram en la vida era de que llegase a ser lo que su padre ya lo consideraba: un fracaso. A la edad de 17 años, Hiram se enroló en la Academia Militar de los Estados Unidos. Él no quería asistir a la Academia Militar. De hecho, menospreciaba la Academia Militar, pero no se atrevió a desafiar el deseo de su padre.
Al comienzo se desempeñó pobremente en sus estudios, pero, al adaptarse, sus calificaciones mejoraron gradualmente y para cuando se graduó, su promedio figuraba apenas debajo de la mediana de su clase.
Poco después de la graduación, regresó a su pueblo natal vistiendo su uniforme militar. Para su vergüenza, cuando llegó, ¡la gente de su comunidad se rió de él! Simplemente no podían aceptar a un "fracasado" a Hiram como soldado.
Esta humillante recepción dejó una profunda impresión en Hiram para el resto de su vida. Años después, tras llegar a convertirse en un general de tres estrellas, Hiram se sentía incómodo luciendo el uniforme. En consecuencia, cada vez que podía, vestía una camiseta con tres estrellas cosidas en cada hombro en vez de su uniforme regular.
Eventualmente Hiram se sobrepuso al sarcasmo y rechazo recibido de su familia y "amigos", alcanzando el rango militar más alto cuando fue nombrado el líder del Ejército de la Unión.
¡Y qué líder llegó a ser! Y es que, verán, Hiram es conocido por nosotros hoy como Ulises S. Grant, ¡el gran general del Ejército de la Unión que más tarde llegaría a ser presidente de los Estados Unidos!
Hiram experimentó humillación; experimentó rechazo; experimentó fracaso. Pero porque rehusó definirse a sí mismo por los escollos de su pasado, porque perdonó a sus atormentadores y olvidó sus fracasos, ¡Ulises S. Grant pudo buscar muy dentro de sí mismo y desatar todo su potencial!
Pero no todos salen adelante, aquí no son los Estados Unidos, aquí es México y hay padres que en absoluto les importan los hijos, y en lugar de motivarlos, de amarlos, de valorarlos, los denigran a tal grado que llegan a buscar la muerte, no hay nada peor para una persona que el no saberse amada:
Por no obedecer a mí maestra Pablo
Con mala ortografía y torpe letra el chico comenzó a escribir. Evidentemente el muchacho era rebelde e indisciplinado. Como castigo, la maestra le había asignado una tarea especial. Debía escribir, 300 veces, la frase: «No debo desobedecer a mi maestra.»
Se trataba de Jorge Licea, de origen mexicano. Estaba asistiendo a una escuela pública en la ciudad de Los Ángeles, California. Jorge escribió, y escribió, hasta el fin de la clase. Al día siguiente Jorge llegó temprano a la escuela, pero no se juntó con sus amigos. Estaba como confundido y melancólico.
Quieto y sombrío, se detuvo en la puerta de su aula y comenzó a llorar. Luego, ante el espanto de sus compañeros, sacó de su bolsillo un revólver, se lo puso a la sien y apretó el gatillo. Jorge Licea tenía diez años de edad.
Este caso conmovió a la gran ciudad. Terminada la investigación, se halló que la causa de la tragedia no era la tarea que la maestra le había dado. El castigo sólo hizo estallar una causa que era mucho más profunda que una simple tarea.
La causa, que procedía de la vida del muchacho, tenía que ver con su hogar. Allí estaba evidenciada la fórmula de siempre: pobreza, violencia, drogas, alcohol y maltrato. El niño vivía en un infierno. Con apenas diez años de edad, ya había aguantado todo lo que un ser humano es capaz de aguantar. Y como no vio salida alguna, optó por quitarse la vida.
A veces lo que debiera ser lo más bello en esta vida, el matrimonio, resulta ser no sólo la boca del infierno sino el infierno mismo debido a insolencias y hostilidades. El orgullo y la rebeldía deshacen el hogar, quebrantan a los hijos y convierten en llamas de horror lo que comenzó siendo nido de amor.
Somos nosotros los que provocamos nuestros infiernos. Es increíble el mal que nos hacemos a nosotros mismos. Creemos que cuando nos imponemos, forzando nuestra opinión y exigiendo que se respeten nuestras disposiciones, salimos ganando. Pero es todo lo contrario.
¿Por qué habrá tanta disensión en el mundo? ¿Por qué será que hermanos se matan unos a otros? ¿Por qué los recién casados, que comenzaron con las más grandes ilusiones de amor, llegan a odiarse? Por una sola razón: la rebeldía y el egoísmo. ¿Cuándo reconoceremos que el problema lo somos nosotros mismos?
Así es la vida de muchos hijos en este mundo perdido y desviado en que vivimos. Quizá usted, mi querido joven, se encuentra en una situación parecida. Quizá la vida suya también sea un infierno. ¿Será eso todo lo que este mundo ofrece? La respuesta, positiva y categórica, es: «¡No!»
En cierta ocasión Jesucristo dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Lucas 18:16). Cristo, el autor de la vida, tiene una compasión muy especial por todos los que sufren injustamente.
Permítanme una palabra a ustedes, padres. ¿Será el ambiente de su hogar uno que podría dar lugar a la confusión y al deterioro moral de sus hijos? Su hogar es el único albergue que ellos tienen, y la vida presente y futura de ellos será una copia exacta de lo que es el hogar suyo.
Invitemos a Cristo, queridos padres, a ser el Señor de nuestro hogar. Cuando él reina en el hogar, hay serenidad y madurez y juicio y paz. Sólo Cristo produce cordura y armonía. Él quiere salvar nuestro hogar. Permitámosle entrar.
Pero no nada más es en la infancia cuando se llega a sufrir el rechazo, aun de adultos usted y yo podemos ser rechazados, cuando se llega a ser víctima de ello, puede ser tan traumático como en la infancia:
Emociones 63 ELA
Durante los 20 años que estuvo casada, Mercedes se dedicó a criar a los ocho hijos que había procreado con su esposo, como era sumamente religiosa, se encargaba de que todos asistieran a la iglesia con ella, su marido era el rey de su vida y lo consideraba incapaz de hacer nada malo, aunque había notado que su pasión disminuía no estaba preparada para recibir la noticia de que quería divorciarse de ella para casarse con su secretaria.
Emocionalmente deshecha, tuvo que ser internada en un hospital para enfermos mentales y dos años después trató de quitarse la vida.
Hay muchos factores por los cuales podríamos llegar a sentirnos rechazados y no necesariamente por haber echo algo grave.
Como por ejemplo, cuando el esposo se acerca con su esposa y la esposa no tiene humor de aceptar su afecto, caricias insinuaciones o alguna palabra de amor.
Cuando usted rechaza a su esposo en estas áreas u otras más, lástima su corazón, sus emociones o sentimientos.
A veces el esposo quiere solamente platicar, pero usted no le tiene tiempo, o el esposo le pide que haga algo y usted lo ignora, la poca atención que la esposa dedica al esposo, le está demostrando en cierta manera que para usted el es de poca importancia, que no le necesita, que no es de utilidad.
Pero lo mismo puede hacer el esposo ante las demandas de afecto, amor, tiempo o atención que pide la esposa y no ser atendidas.
¿Qué imagina usted que siente aquel esposo o esposa que trata de abrazar o besar a su pareja y el ser amado le detiene en seco? ¡No me estés molestando! ¡Tengo mucho quehacer! ¡Tengo mucho trabajo! Y tú vienes con tus cursilerías.
Cuando uno se acerca al ser amado, es para sentirse amado, aceptado, pero no se acerca uno para ser rechazado o despreciado. ¿Cuántas veces no se habrá rechazado al ser amado? A lo mejor ya hasta se perdió la cuenta, a tal grado que es más fácil contar cuando lo aceptó o cuando lo abrazó.
Cuando usted rechaza, es probable que no piense lo que la persona rechazada está sintiendo, imagine como está el corazón de aquella persona que desde niño fue despreciado o rechazado y ahora de casado se repite le ciclo.
¿Todavía le brillarán los ojitos de emoción cuando se acerca a usted su ser amado?
Sin embargo, no nada más el rechazo se da en el seno familiar.
Jim, que cuando rebasó los 40 años era un exitoso hombre de empresa, había llegado a ser vicepresidente de mercadotecnia; todo su aspecto hablaba de prosperidad, por aquel entonces su compañía se fusionó con otra mucho más grande y se le forzó a renunciar.
Dos años después, aun seguía pensando que era un fracasado, sus esfuerzos por entrar a otro empleo fueron inútiles ¡Ya estás muy viejo! Le decían, y esto hizo que se sintiera peor, a tal grado que su esposa tuvo que trabajar para ayudar a los gastos, fue la estocada final. ¡Claro que se busca la muerte!
¡Rechazado por la sociedad! Igual que Conías, vasija rota, despreciada, trasto que nadie estima.
Salmo 22:6 Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
(BL95) Mas yo soy un gusano y ya no un hombre; los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia.
Así se llega a sentir el ser humano ante el desprecio.
Podemos citar muchos ejemplos más, de los vecinos, de los profesores, de los jefes, de los hijos cuando rechazan a sus padres, pero no hay necesidad de ello.
El rechazo es: desechar, dejar fuera, dejar a un lado.
¿Qué consecuencias probables trae consigo el ser rechazado?
Cuando la persona se encuentra en ese estado, se convierte en campo fértil para una sucesión interminable de variados sentimientos por lo general negativos.
En primer lugar se da paso a la soledad, la persona rechazada se sabe y se siente terriblemente solo, esa soledad le puede llevar a la depresión, al fatalismo, o dar paso al resentimiento, la amargura la ira o el odio o incluso como mirábamos anteriormente a querer suicidarse.
Algunas personas se vuelven indiferentes o despectivas con quienes los han menospreciado, dando a entender que no les importa nada de ellos.
Con frecuencia los jóvenes desaparecen sin avisar a los padres.
Y algunos sencillamente no se presentan a reuniones familiares, trasladan su amargura al trabajo en donde se niegan a hablar con sus compañeros.
Hay personas que al saberse rechazadas se refugian en cosas incorrectas, el vicio drogas, alcohol, malas compañías, brazos equivocados e incluso algunos se meten al ocultismo al satanismo.
Al no encontrar aceptación, poco a poco se va degradando hasta que tal vez, algún día amanezca muerto por un exceso.
Todos podemos soportar heridas corporales, una pierna rota, la pérdida de una mano, de la vista o cualquier clase de dolor físico que puede ser quitado con algún sedante, pero pocos muy pocos son capaces de soportar el rechazo del ser amado, porque sus sentimientos fueron heridos y eso les mete en angustia horrible: Proverbios 18:14 El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?
(BL95) Lo que mantiene al hombre en su enfermedad es su espíritu; pero ¿cómo levantar a un espíritu deprimido?"
(LBLA) El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad, pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
Cuando se siente amado, aceptado, valorado no importa que este cojo, manco, ciego, chimuelo, prieto, chaparro, gordo, calvo, se esté enfermo del corazón o se tenga cáncer o se tenga cualquier enfermedad terminal o queden pocos días de vida, se tiene fuerza y vigor por saberse amado, el amor embellece y levanta a quien lo recibe y enaltece a quien lo otorga.
Pero cuando no se sabe amado ni valorado, hasta una simple gripa nos puede llevar al hospital.
Nada más que allí, no curan las heridas del corazón, solo usted y yo tenemos ese bálsamo llamado amor, aceptación, que puede curar el herido emocionalmente, sino lo cree haga la prueba, dígale a la persona que le ama que usted no le ama y verá como se pone, inmediatamente decae su espíritu, pero abrácelo, amelo, acéptelo, valórelo, bendiga a su pareja a sus hijos y verá como todo cambia como por arte de magia, es la magia que tiene el amor, considero que uno puede morir en paz cuando uno se supo amado.
Cuando hay amor y aceptación quedan fuera caras largas, caras enojadas, semblantes tristes, rostros angustiados, el mal carácter, y se empieza a notar la armonía, porque esos trastos llamados seres humanos comienzan a ser valorados, útiles, amados. Mire como se siente una persona en angustia.
Salmo 102:1-10 Jehová, escucha mi oración, Y llegue a ti mi clamor. 2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. 3 Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. 4 Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. 5 Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne. 6 Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; 7 Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado. 8 Cada día me afrentan mis enemigos Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí. 9 Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas, 10 A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado.
(NBLH) A causa de Tu indignación y de Tu enojo; Pues Tú me has levantado y me has rechazado.
Se le fue el hambre, adelgazo, se sentía como un animalito, como el búho, en el desierto, el pelicano, o como el pájaro solitario en el tejado, por dentro estaba seco como la hierba, hasta para tomar agua lloraba.
Esto tiene remedio, el que pueda amar y aceptar que lo haga. Sobre todo a la persona con la cual existen vínculos emocionales de amor.
El problema del rechazo no puede uno curarlo solo con el intelecto, ya que no solo fueron heridos el alma o sentimientos, sino también el corazón.
Proverbios 17:22 El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos.
(BJ) El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos.
Pero ¿cómo se puede tener el corazón alegre si ni el perro nos ama? Una persona amada es una persona alegre, contenta.
La persona que se sabe amada lucha por sobrevivir, pero la que no dice: ¿tiene caso? ¿Cómo quieres que esté contento si acaban de terminar conmigo? Usted sabe que una decepción amorosa puede ser la puerta al suicidio a la muerte.
Ahora, no espere recibir amor de quien a lo mejor ni lo conoce, nadie puede dar lo que no tiene.
La gente que conoce a Dios de refugia en el Salmo 147:3 El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.
(DHH) Él sana a los que tienen roto el corazón, y les venda las heridas.
El intelecto puede decir voy a ignorar a esa gente, ni siquiera pensaré en ellos, pero si el problema no se resuelve al nivel más profundo de la conciencia, permanece en el subconsciente y emerge cuando menos se le espera.
La respuesta para salir de ello se encuentra en Isaías 53, cuando leemos este pasaje, nos damos cuenta que podemos pasar de la autocompasión a la alabanza y adoración a Dios y de la amargura al perdón y al amor.
Jesucristo nos pone el máximo ejemplo:
Isaías 53:3-7 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Nació en tierra seca, la ciudad de Nazaret era mal vista por la alta sociedad de su tiempo, luego dice que fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, fue ridiculizado, se burlaron de el, dio amor y le pagaron con ingratitud y traición, cuando más necesitaba a aquellos que les dedicó tres años de su vida, lo abandonaron, trataron de despeñarlo, decían que estaba endemoniado, su propia familia le dio la espalda creían que estaba loco, en el día de su mayor necesidad, el día de su crucifixión todos se aliaron contra el, murió solo, todos lo abandonaron.
¿Por qué pudo soportar todo esto? Porque poco a poco fue enseñado a ser rechazado, poco a poco le enseñaron lo que era el quebrantamiento, la soledad, el desprecio, hasta forjar a nuestro Salvador, ¡Que terrible ha de haber sido entrar en la escuela del sufrimiento! ¡Pero se graduó y nos dio esa salvación tan grande!
Cuando fue lleno de amor a los suyos, los suyos le dieron la espalda Juan 1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
(BL95) Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron.
Llegó a tal grado ese rechazo, ese desprecio por Jesús que dice: Isaías 53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
(BAD) Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.
¿No le ha tocado saber de alguien o incluso ser el protagonista al sentirse así?
No obstante en medio de este horrible sufrimiento, el estaba contento de hacer la voluntad del Padre, dejando de lado la soledad, el menosprecio, el rechazo, el dolor.
Todo eso lo padeció y solo el y Dios saben sus terribles momentos que pasó principalmente en esos tres años que duró su ministerio.
Hizo a un lado la autocompasión, el dolor físico y anímico.
Es importante que comprendamos que el sufrió el menosprecio tanto de la sociedad como de sus semejantes, a tal grado que el supo lo que era sentirse abandonado y rechazado.
Tal vez usted piense, pero Jesús fue amado por sus padres, en cambio yo fui rechazado por los míos, además como el nunca se casó, no supo lo que se siente ser rechazado por el novio, novia esposo o esposa.
¿Está seguro? Jesús se sintió abandonado y rechazado aun por su propio padre y no precisamente José, sino por Dios mismo.
¿Acaso no cuando agonizaba en la cruz del calvario exclamó diciendo: “Dios mío, Dios mío por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)
(BL95) A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Imagine la angustia del Maestro, ¿qué pasó por su mente? “Entiendo que los hombres me abandones, pero ¿Tú?
Uno entiende que muchos no nos amen y su rechazo no duele, pero si duele el rechazo de quien amamos y que dijeron algún día amarnos.
Ahora bien, si a Jesús le hicieron esto ¿qué pudiésemos esperar nosotros? Habrá gente que no quiera ni vernos, que se esconda de nosotros, que nos rechacen, pero debemos sobreponernos para abrazar y bendecir a quien nos acepte, para amar y levantar a quien tenga necesidad, aunque uno sea privado de ello, aunque uno no reciba amor nuestro deber como hijos de Dios es amar.
A lo mejor a la gente que usted más bendice, a la que más se entrega, a la que más ama, le haga lo que le hicieron a Jesús, pero eso no debe ser impedimento para seguir, ayudando, aceptando, amando, levantando, bendiciendo, el ser rechazados pudiera ser parte de nuestro aprendizaje ¿no lo cree?
Pero es que se siente muy feo, nadie dice que se sienta bonito.
Jesús fue a llorar al huerto de Getsemaní, a lo mejor ese huerto es su cuarto de oración, el hombro de un amigo, o de alguien que le ama, Jesús fue fortalecido por un ángel, ese ángel bien pudiera ser quien menos esperamos. Aunque nos rechacen, nosotros no debemos hacerlo, aunque no nos amen nosotros debemos amar:
Fue lo que hizo nuestro Maestro, a pesar de ser rechazado el no rechazó, a pesar de ser menospreciado, el no menospreció, a pesar de ser negado por los hombres, el no los negó en la cruz del calvario, a pesar de no ser amado el amó, hasta el grado de poner su vida por usted y por mí.
El día de hoy el Señor puede asomarse a la iglesia y mirar que valió la pena el ser afligido, rechazado, porque a pesar de todo ello, el nos enseñó a amar, y perdonar, y el espera que usted y yo hagamos lo mismo. ¿Lo haremos?
No rechace, acepte, ame.
Perdone a los que le han despreciado o rechazado o lastimado.
Si tiene oportunidad sane, restaure a los que han sido rechazados.
No meternos en la autocompasión, aunque no seamos amados, hay personas que aunque no lo crea necesitas de nosotros ¿estaremos?
¿Cómo trataremos a la gente que nos ama a partir de hoy? A la esposa, esposo, hijos o personas que nos quieren bien.
¿Cómo trataremos a aquellas personas que constantemente nos lastiman con su indiferencia o rechazo? Uno debe de estar para ellas cuando nos necesiten, porque el amor es paciente
¿De a donde sacaremos esas fuerzas o fortaleza para hacerlo? El Salmista nos da el secreto Salmo 119:141-43 Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.
(BL95) Aunque soy poca cosa y despreciable, no me olvido de tus ordenanzas.
(VM) Pequeño soy y despreciado; mas no me he olvidado de tus preceptos.
142 Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad. 143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.
Relacionémonos con los demás sin miedos, usted ame aunque no lo amen, no debe haber temores sabiendo que nuestra aceptación no depende de los hombres sino de Dios.
Oremos si alguien le ha despreciado o rechazado, es momento de perdonar y orar por esa o esas personas, pidiendo bendición.
Si usted ha sido el que ha rechazado o menospreciado, de igual manera es hora de pedir perdón y si está a su alcance ya no siga rechazando sobre todo a sus seres amados.
Si le siguen rechazando Mateo 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Alguien llegará a su vida y traerá ese bálsamo hermoso llamado aceptación y amor. Y si no el Señor en su tiempo lo hará.