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toni
09-Dec-2008, 21:59
Papá obispo

El drama del prelado escocés que ocultó su paternidad y se ha fugado con una amante radicaliza el debate sobre el celibato en la Iglesia Católica


CRISTINA FRADE

Londres

Del obispo escocés de Argyll y las Islas se sabía que ya había cumplido los 56 años y que en su juventud fue un hombre bastante apuesto, al que bautizaron como Padre Starsky por su parecido físico con el detective del mismo nombre de una popular serie televisiva.

Se sabía también que Roderick Wright era afable, carismático y sencillo, poco proclive a darse importancia pese a su posición relevante en la jerarquía eclesiástica. Padre Roddy era el nombre con el que se referían a él normalmente los miembros de su congregación religiosa.

El domingo pasado, cuando el clérigo presentó su renuncia al cardenal Thomas Winning, jefe de la Iglesia católica de Escocia, se supo también que se había fugado con una de sus feligresas, Kathleen Macphee, una divorciada con tres hijos. Pero en los cuatro días siguientes, se le siguió considerando como un hombre bueno y honorable, cuyo único pecado había sido romper una antigua promesa al ceder ante la fuerza de los sentimientos.

El favorecedor retrato del obispo de Argyll y las Islas -y en parte también la credibilidad de la jerarquía eclesiástica- se hizo añicos este jueves, cuando salió a relucir que Roderick Wright era padre de un chico de quince años, concebido con otra mujer al que apenas había visto dos meses en toda su vida. Mientras Joanna Whibley, la madre del adolescente, desgranaba la historia para la BBC y millones de espectadores que la seguían con entusiasmo, se supo por fin que la vida del Padre Roddy había sido una gran mentira.

Joanna conoció al sacerdote en Fort William, una ciudad de las Highlands escocesas y le pidió asesoramiento cuando se divorció de su marido. La relación fue más allá de lo espiritual y la mujer quedó embarazada del clérigo. Cuando se lo comunicó, éste no quiso saber nada y amenazó con marcharse a Perú si se hacía pública su paternidad.

Joanna se trasladó al sur de Inglaterra y dio a luz un varón, Kevin, al que sólo le puso su apellido. Esporádicamente, a lo largo de quince años, recibió alguna visita del padre de su hijo, además de cartas y cheques que nunca cobró. El último, por valor de 400.000 pesetas.

Este año, poco antes de fugarse con su feligresa, el obispo llamó a Joanna para anunciarle que iba a abandonar la Iglesia y que quería reunirse con ellos para intentar resarcirles del dolor que les había causado.

En la entrevista concedida en exclusiva a la BBC, la mujer negó que sus explosivas revelaciones fueran una venganza por el doble abandono. «No quiero que se trivialice esta patética historia. Me gustaría que tuviese alguna finalidad. Estoy segura de que otras mujeres mantienen relaciones con clérigos y quieren acabar con sus vidas secretas», declaraba entre lágrimas. «Yo tengo que quitarme este peso de encima, volver a empezar mi vida y acabar con la sensación de que Kevin nunca debió haber nacido. Hemos vivido una mentira».

A Joanna le dolió especialmente que el obispo no se refiriera más que a la familia Macphee en un comunicado en el que pedía disculpas por su comportamiento. Su amargura, sin embargo, no era nada comparada con la de su hijo Kevin.

«En toda mi vida no he visto a mi padre más que dos meses y, la verdad, no sirvieron de nada porque me sentía incómodo al hablarle. El tampoco me hablaba mucho, probablemente porque yo me mostraba frío con él», explicaba el muchacho. «Me doy cuenta de lo que he perdido por no haber tenido un padre a mi lado, pero aunque viniera ahora, no le aceptaría entre nosotros. No le necesitamos».

La hipocresía del padre Roddy quedaba así al descubierto para consternación de sus feligreses y de sus superiores. Durante quince años había logrado ocultar su paternidad mientras escalaba puestos en la jerarquía eclesiástica y sólo desveló la existencia de su hijo ante el cardenal Winning el domingo pasado, cuando renunció a su cargo alegando que era «física y espiritualmente incapaz de cumplir con sus responsabilidades».

Buscar consuelo

Su primera falta -la fuga con Kathleen Macphee- apareció de repente bajo una luz nueva. De ser considerada como un hecho aislado, se convirtió en una escandalosa reincidencia.

Kathleen Macphee, la enfermera de Fort William de 40 años, conoció al clérigo hace dos décadas en tristes circunstancias. Casada ya con el constructor Willie Macphee, había dado a luz a un hijo muerto y el Padre Roddy ofició el funeral del pequeño. Se ignora si su amistad se forjó entonces o algo más tarde, pero hace ocho años, cuando Kathleen se divorció después de haber tenido otros tres hijos, la enfermera buscó consejo y consuelo en el sacerdote, al igual que hizo antes Joanna.

Al menos hasta que se enteraron de su paternidad, del cariño que despertaba el Padre Roddy hablaba elocuentemente la comprensiva reacción de sus fieles. «Haga lo que haga, le deseamos todo lo mejor», era el comentario más frecuente. En un país mayoritariamente protestante, cuyos pastores no encuentran impedimento alguno para contraer matrimonio, el resto del público británico se mostró incluso más tolerante: «¿Por qué no va a poder enamorarse y casarse un sacerdote?».

Al fin y al cabo, en los albores de la historia lo hacían normalmente los sacerdotes, los obispos y hasta los papas, empezando por el apóstol San Pedro, primer obispo de Antioquía y sumo pontífice de la Iglesia. Del Concilio de Elvira, a comienzos del siglo IV, salió la primera declaración que recomendaba el celibato. No tuvo rango de ley universal hasta 1139, pero incluso mucho después seguían existiendo papas con prole numerosa, como Alejandro VI, quien ocupó el solio pontificio de 1492 a 1503 después de haber tenido cinco hijos, entre ellos César y Lucrecia Borgia.

Pese a que en las Sagradas Escrituras no se halla ninguna referencia explícita, el voto de castidad terminó imponiéndose, en parte para evitar que las propiedades de la Iglesia se dispersaran como herencia. La Iglesia anglicana, en cambio, abolió el celibato en el siglo XVI para legitimizar el matrimonio del arzobispo de Canterbury Thomas Cranmer. Y la Iglesia ortodoxa, aunque no permite el matrimonio de sus obispos, sí autoriza la ordenación de hombres casados.

Aunque la mayoría de las Iglesias ya han superado su particular revolución sexual, el Papa Juan Pablo II continúa defendiendo el celibato del clero con la misma firmeza con que condena el divorcio, la contracepción y el aborto. En palabras del cardenal Thomas Winning, el celibato es una regla imprescindible para garantizar disponibilidad y entrega absoluta a los demás.

Pero la jerarquía de la Iglesia reconoce que historias como la de la doble vida del obispo de Argyll son un fracaso que demuestra que el celibato es difícil, pero no que sea equivocado. Aunque con su proliferación resulta cada vez más complicado sostener la teoría de que se trata sólo de una excepción producto de la debilidad humana.

Son muchas las voces que han abogado estos días por el fin de esta imposición de Roma. Unos, como hacía esta semana el diario The Guardian, alegan que no se puede ir contra la naturaleza y achacan a la sexualidad reprimida de los sacerdotes los escándalos de abusos infantiles, las relaciones clandestinas como las que mantuvo el obispo de Argyll con Kathleen y Joanna, la existencia de hijos no reconocidos y otras crisis que desembocan en el aislamiento o el alcoholismo.

Curas comprensivos

Para otros, no se puede culpar al clero actual de ser menos firme en sus convicciones y en el cumplimiento de sus promesas, pues su trabajo no está tan claramente definido ahora como lo estaba antes y exige una mayor implicación personal. No parece una simple casualidad que los curas más populares y queridos por su congregación, los que mejor sabían escuchar, aconsejar y consolar como lo hacía el padre Roddy sean los que terminan abandonando la Iglesia por haber mantenido relaciones con una mujer o para casarse con ella.

Hasta el cardenal Basil Hume, jefe de la Iglesia católica de Inglaterra y Gales, ha reconocido que con la prohibición de contraer matrimonio se han perdido muchos buenos sacerdotes, un lujo demasiado caro en una época de fuerte declive de las vocaciones: en 1981 había más de 7.000 sacerdotes en toda Gran Bretaña, sin contar Escocia; en 1994 su número apenas superaba los 5.200.

Pese a que no existen cifras oficiales, se calcula que en Europa unos 10.000 sacerdotes católicos han colgado los hábitos para poder contraer matrimonio en los últimos veinte años.

En Estados Unidos


http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/09/22/cronica/243860.html

Flordelaire
31-Jul-2009, 14:14
Yo supe que esa religiòn era maligna porque el cura de mi pueblo cuando yo era niña me manoseaba mis genitales y se ponia feo, asi decia yo, siendo una niña de cinco años, pues no conocia que la cara que le veia era la de lujuria, y despuès le tube tanto miedo que yo sentia que alli estaba el diablo. y me acuerdo que me ponia a gritar a llorar con miedo y mi abuela decia que la que tenia el diablo era yo , porque no queria ir a la casa de Dios !
Creci pero no iva a la iglesia cuando el se fuè entoncès yo iva era la pintora de la virgen pero vi cosas horribles , vi como tenian un perro entrenado en asuntos sexuales al punto que cada varòn que llegaba a la iglesia el perrazo lo tiraba al suelo y se subia encima de los hombres .
Asì le tube miedo a esa religiòn.
Despuès pensè que todos eran iguales nunca les crei nada, ni a esos ni a los evangèlicos ni a nadie. Y ya grande conoci la cara negra de las religiones , por eso serà que Dios se me revelò acà a mi solita en mi casa y es asi como lo conocì.
Bendiciones
Flor!