Regreso a la casa de Israel

Desde su fundación en 1948, Israel se ha nutrido de las migraciones, las últimas las que procedían de los países del Este tras la caída del régimen soviético. Ahora, sufre un descenso de su población.

 

«Operación hermanos», una de las últimas producciones de Netflix, está basada en los hechos reales que, en 1979, llevaron a agentes del Mosad a crear un falso «resort» en las costas del Mar Rojo, que serviría de tapadera para llevar a cabo una de las operaciones más audaces de los Servicios de Inteligencia israelíes: sacar a 18.000 judíos etíopes refugiados en Sudán y llevarlos a Israel.

El hotel fracasó, pero la operación permitió llevar al «hogar nacional» a miles de «falashas» –apátridas– o Beta Israel, aquellos que llegaron a Etiopía desde Egipto cuando el Éxodo, según algunas versiones, o los que huyeron tras la destrucción de Primer Templo, según otros. Judíos, al fin y al cabo, y ciudadanos israelíes, cerca de 80.000, aunque con continuas protestas por ser considerados una clase inferior.

De su existencia se sabía poco hasta que en 1991 se llevó a cabo la Operación Salomón, que permitió que el Ejército israelí sacara en un día y medio en 34 aviones de la compañía «El Al» a 14.325 judíos Beta Israel. Pero la misión no ha terminado: el gobierno de Tel Aviv se ha propuesto repatriar, antes de 2020, los 9.000 «falash» –y en este caso sí que es aplicable el nombre– que todavía viven en Etiopía, aunque en su mayoría fueron convertidos al cristianismo por misioneros encabezados por el pastor anglicano Henry Aaron Stern, judío alemán que a su vez se convirtió. No hay más razón que responder al descenso de la emigración, que ha sido la fuente de la que se ha nutrido el Estado de Israel desde su fundación en 1948.

Según datos de la ONU, tiene 1,7 millones de inmigrantes, lo que supone el 22,53% de la población (8,9 millones en 2017). Un dato que no es menor en este largo proceso de repoblación: la inmigración femenina es superior a la masculina, con el 54,62%. La oleada de judíos que seguían fuera de Israel y que más ha marcado el rumbo político es la procedente de Rusia y también de Ucrania. El Nobel de Literatura Saul Bellow escribió en 1973 tras un viaje a Israel en el que se reencontró con viejos amigos que la poca experiencia democrática del régimen soviético afectaría también a Israel, un país de Oriente Próximo que, si se define por algo, es por ser una democracia plena.

Fuente: larazon.es

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